Artículo de Joan Tardà Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Beneficios de un junquerismo desacomplejado

Es una praxis que se basa en el principio que el proyecto político independentista solo puede salir bien si el partido se mimetiza con la sociedad

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El líder de ERC, Oriol Junqueras.

El líder de ERC, Oriol Junqueras. / JORDI COTRINA

En el ámbito del republicanismo existe suficiente consenso alrededor de las figuras de Josep-Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós como forjadores de la actual Esquerra. Artífices, ambos, de hacer transitar a una ERC residual y muleta del pujolismo hacia una organización izquierdista defensora de un patriotismo más social que identitario como fórmula para enterrar al exilio interior al que se había condenado el republicanismo desde la Transición. En definitiva, normalizar el independentismo en el marco de unas clases populares catalanas tan heterogéneas como colonizadas políticamente por CiU y PSC, fundadores de la Catalunya autonómica.

Efectivamente, la presencia independentista en los gobiernos de los presidentes Maragall y Montilla había permitido normalizar la marca 'independentismo', hasta entonces desconocida en amplios sectores de nuestra sociedad o asociada a radicalismo. Que ERC hubiera hecho presidentes a dos líderes socialistas respondía a una convicción, mantenida hasta hoy, sustentada en la idea de que lo prioritario radica en saber construir siempre el escenario más rentable para avanzar en el objetivo soberanista. Un ADN estratégico que no se desvaneció después del aterrizaje en 2011 de Oriol Junqueras, persona ajena a la organización en quien Joan Puigcercós, en un ejercicio tan generoso como inteligente, depositó la responsabilidad de superar la crisis producto del posicionamiento contrario al Estatut a raíz del pacto entre CiU y Rodríguez Zapatero para recortarlo. Y ERC perseveró: rescató a Artur Mas, que había recuperado la presidencia con la abstención de Quim Nadal y el apoyo presupuestario de Alicia Sánchez-Camacho, para forzar al pospujolismo a contribuir a plantar la semilla del 'procés'.

La rentable obra política de Junqueras, plenamente identificado ya con el concepto de la izquierda nacional a raíz de la experiencia como alcalde de la ciudad con menor renta del Baix Llobregat, extendió todavía más una praxis conocida como junquerismo, evolución de la impulsada por Carod-Puigcercós que, sin dejar de perseguir siempre los escenarios más favorables a la acumulación de fuerzas (investidura de Carles Puigdemont y Quim Torra), se basa en el principio de que el proyecto político independentista solo puede salir bien si el partido se mimetiza con la sociedad.

En definitiva, voluntad de superar prejuicios y sectarismos. Ejercicio imprescindible a las puertas del nuevo ciclo electoral cuando republicanos y socialistas están condenados a competir para dilucidar quién acaba liderando el país. Un encontronazo inevitable atendiendo a los apoyos que, unos y otros, disfrutan entre las heterogéneas clases populares catalanas. Una Esquerra Republicana que se reivindica como 'pal de paller' de la izquierda nacional, que disfruta como ninguna otra de una implantación homogénea en todo el país, vencedora en las elecciones municipales y situada al frente de la Generalitat versus un PSC mayoritario en el área metropolitana barcelonesa, con aspiraciones plausibles a la presidencia y apoyado por el Gobierno español. En definitiva, un escenario que, en el actual proceso de mutación del 'procés' hacia la conquista de una resolución pactada del conflicto Catalunya-España, presenciará una pugna encarnizada para dominar la centralidad del tablero político.

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Ciertamente, a pesar de haber conseguido abrir el muro del Código Penal, el camino para el republicanismo será tan empinado como imprevisible es el comportamiento del resto de formaciones independentistas, atrincheradas en el negacionismo del diálogo por parte de la CUP o en el interés de Junts de muscularse a expensas de ERC más que en ampliar el perímetro del independentismo, por lo cual continuará desplegando un demagógico relato basado en una presunta traición al mandato del 1-O, mientras se permiten hacer a Núria Marín presidenta de la Diputación de Barcelona o se desentienden del proyecto de presupuesto confeccionado por el 'exconseller' Jaume Giró.

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Con todo, el camino hacia la hegemonía republicana tendría que continuar alimentándose tanto de la abnegación y madurez de sus afiliados, impulsores de un frente amplio resultado de la suma de personas y colectivos provenientes de otras tradiciones políticas, como de su capacidad para enriquecer y hacer evolucionar el junquerismo.

Dicho en otras palabras, hacer entender que, en momentos de desasosiego, para ganar mayorías sociales y conquistar la autodeterminación, el enfrentamiento democrático con el resto de fuerzas progresistas (¡y también con el PSC!) es tan ineludible como lo es la colaboración. Sin miedos ni dogmatismos.