Opinión |
Artículo de Xavier Casals

Vox: ¿cambio de ciclo?

El relato épico de la formación ultraderechista, basado en su crecimiento sostenido y el posible 'sorpasso' al PP se agrieta, mientras pierde encanto puertas adentro

Ignacio Garriga, Santiago Abascal y Javier Ortega Smith.

Ignacio Garriga, Santiago Abascal y Javier Ortega Smith. / EFE

Xavier Casals

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La expulsión de Macarena Olona de Vox en septiembre por sus compañeros de la dirección del partido, cuando aludió a la falta de democracia interna, ha roto la imagen de unidad de esta formación. La crisis fue una consecuencia del fiasco en las elecciones andaluzas de junio, en las que Olona fue su candidata con un mal resultado (396.607 votos, 10.9%) con relación al que Vox tuvo el 10-N de 2019 (869.909 sufragios, 20.3%). Como el PP de Juan Manuel Moreno Bonilla logró la mayoría absoluta, formó Gobierno sin Vox, que devino políticamente irrelevante. Desde entonces, las encuestas reflejan una tendencia a la baja del partido ultraderechista, que podría indicar que su ciclo electoral alcista toca a su fin

Los sondeos otorgan un tirón electoral notable al PP de Alberto Núñez Feijóo, parejo a la caída de Vox. El barómetro del CIS de octubre otorgó el 28.7% del voto estatal al PP (el 10-N logró el 21%) y un 8.8% a Vox (15.2% el 10-N). Además, la negativa del líder popular a renovar el Consejo General del Poder Judicial pactado con el PSOE para manifestar su rechazo a la reforma del delito de sedición que planea el Gobierno perjudica a Vox, ya que impide a esta formación monopolizar uno de sus temas estrella: el castigo a los enemigos de la unidad de la patria.

En este marco, la ruptura de la dirección de Vox con Olona ha sido el hito más vistoso del descontento creciente de miembros del partido con su cúpula. Los estatutos de la formación conceden a los miembros de esta un gran poder, que sus críticos denuncian por ejercerlo de forma autoritaria. Según explicaron antiguos cuadros de Vox en un reportaje reciente de 'Salvados' ('Yo me fui de Vox', 16/X), ello se traduciría en la imposición de liderazgos, asesores o listas electorales y en el control férreo y centralizado de las finanzas. Tal proceder no ha cesado de generar deserciones en la formación hasta el extremo que, en Murcia, carece ahora de grupo parlamentario al perder a tres de sus cuatro diputados autonómicos. 

Para arreglar (o paliar) este descontento, Abascal ha sustituido a Javier Ortega Smith como secretario general por Ignacio Garriga. Pese a ello, la semana pasada, un parlamentario catalán de Vox marchó al grupo mixto por sentirse un "diputado de usar y tirar". Así las cosas, a las cinco escisiones del partido (Tú Patria, Valores, Suma, Juntos por España y Libres) podría unirse otra de Olona. Esta ha anunciado un nuevo proyecto político que podría devenir en partido, si Vox empeora sus resultados. 

Parece, pues, que el relato épico de Vox, basado en su crecimiento sostenido y el posible 'sorpasso' al PP se agrieta, mientras pierde encanto puertas adentro. Estos hechos podrían indicar que la formación entra en un ciclo de estancamiento o caída electoral. Pero la volatilidad política impide hacer previsiones y, en gran medida, su futuro dependerá de que sea un aliado necesario para que el PP forme gobierno. Tal posibilidad crea escaso entusiasmo en Génova, al que contribuyen las continuas salidas de tono de los representantes de Vox en el Gobierno de Castilla y León.

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