BARRACA Y TANGANA

Hace mucho frío

Por un momento pensé que el cocinero iba a hacer como los entrenadores, y decirnos que el suyo es un menú bien trabajado tácticamente, fuerte en la estrategia y con postres rápidos arriba

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Hace mucho frío

Fui a un nuevo restaurante de mi ciudad y comí muy bien. Cuando terminamos la retahíla de platos y postres, y andaba yo pensando en mis cosas mientras removía el café, se nos plantó frente a la mesa el cocinero aka chef. Enseguida supe que era el cocinero porque iba vestido de cocinero y soy una persona muy observadora. Esto ocurre con más frecuencia cada vez: vas a un restaurante, comes muy bien y cuando acabas se acerca a la mesa el cocinero aka chef. Nos preguntó 'qué tal' y respondimos 'muy bien'. Después hubo un silencio incómodo porque por lo visto esa respuesta no se considera suficiente, pero tampoco sabíamos qué más había que hacer. Al parecer, a la gente le gusta departir con el chef y muestra curiosidad e interés, pero ni mi mujer ni yo somos ese tipo de persona, qué le vamos a hacer.

El momento me recordó algunas ruedas de prensa, esas a las que te envían a última hora sin tener idea ni saber por qué. El cocinero aka chef destilaba la misma actitud que los entrenadores de fútbol después de un buen partido. Sin duda quería nuestras preguntas, quería contarnos el concepto del restaurante, la selección de los ingredientes y la elaboración de los platos, quería contarnos el plan, pero no estuve hábil para poderle complacer. Delegué la educada cháchara en mi mujer e imaginé un ramo de micrófonos bajo el mentón del chef, imaginé flashes de fotógrafos y un estricto turno de preguntas, imaginé al cocinero diciendo que el suyo es un menú bien trabajado tácticamente, fuerte en la estrategia y con postres rápidos arriba. Por un momento creí, de hecho, que era lo que iba a hacer, pero no dije nada. Simplemente sonreí, pagué la cuenta e imaginé.

Viajar a Albania

En realidad aún estaba pensando en la conversación previa de la mesa contigua. No tardamos mucho, mi mujer y yo, en convenir que la conversación de la mesa contigua era mucho mejor que la nuestra, así que callamos, comimos y escuchamos. Había un hombre explicando algo que parecía muy fácil: vas a Albania en avión, con billete solo de ida y con cuarenta mil euros en efectivo, compras un coche por ese dinero, vuelves a España por carretera y vendes el coche por noventa mil. “Ganas cincuenta mil”, detallaba, por si no lo habíamos pillado. A mí me pareció una jugada maestra, tanto fue así que me sentí idiota por seguir trabajando, disponiendo de esta maniobra genial al alcance de la mano.

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¿Estamos tontos o qué? Aguantando jefes, soportando rutinas y adelantando los síntomas de la vejez, cuando podríamos limitarnos al negocio de viajar a Albania de vez en cuando. Es más, ¿a qué espera el Gobierno de España para obligarnos a viajar a Albania, comprar coches y vendérselos a los franceses una y otra vez? Si nos organizamos bien, la próxima temporada el Castellón podría fichar a Mbappé.

Estaba puliendo este plan sin fisuras, pensando incluso con quién dejaríamos a los niños durante el viaje, hasta que uno de la mesa le dijo al hombre '¿pero entonces te vas a Albania?', y el hombre contestó 'no, es que hace mucho frío'. Sospeché entonces que la jugada igual no era tan sencilla, como esos que se quejan porque 'los futbolistas por darle patadas a un balón ganan mucho dinero y los médicos y los profesores tienen más mérito', y les dices pues 'hazte futbolista si es tan fácil', y no lo hacen ni lo hicieron, y tampoco sus hijos, quizá porque entrenando en invierno hace mucho frío, por lo que sea, pero no lo hacen ni lo hicimos ni lo hicieron.