Artículo de Francisco Castaño Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Los adolescentes necesitan autonomía y confianza

El hipercontrol solo sirve para que los padres estemos tranquilos, pero no para educar

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Un grupo de adolescentes.

Un grupo de adolescentes. / Archivo

Cuando tenía 14 años abrieron en mi pueblo, Ejea de los Caballeros, un bar llamado Tiza. Mis padres no me dejaban ir, argumentando que allí me darían caramelos con droga. Eran los años 80. Como todos los adolescentes, yo tenía una función en la vida: estar en contra de las normas, ser crítico y ganar autonomía. Ahora, a mi edad, sé que todo eso es necesario para un correcto desarrollo.

Mis amigos iban al Tiza. Y yo, cuando salía de casa, daba un rodeo para despistar a mis padres y también terminaba en el bar. ¿Me ofrecieron alguna vez caramelos con droga? No. ¿Los hubiera cogido si me los hubieran ofrecido? No lo sé. Yo sabía que aquello no estaba bien, pero la decisión era mía. No he tomado drogas ilegales en mi vida.

Para que un adolescente no tenga conductas de riesgo, están los factores de protección: límites, normas, comunicación, buena relación familiar, conocer a sus amigos y amigas… Lo que no es un factor de protección es controlar a mi hijo con un GPS. Un padre o una madre lo puede hacer, pero el chaval o la chavala siempre podrá desviar el móvil o buscar otras estrategias. 

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La geolocalización sí que puede ser útil y necesaria para la autonomía del niño en algunos casos. Si es pequeño y ha de ir al colegio solo. Pero no debemos controlar. La adolescencia supone tomar decisiones. Marca a tu hijo una hora de regreso a casa y dale confianza. Así te evitarás vigilarle. Una cosa es supervisar, en eso estamos todos de acuerdo, y otra es controlar.

Los niños y los adolescentes necesitan autonomía. Educar es también enseñarles a tomar decisiones, no guiarles constantemente. Ellos tienen que tomar decisiones, las que le correspondan por edad. Se tienen que equivocar, es muy importante. Si no, no aprenden. Los padres no podemos estar todo el día dirigiendo a nuestros hijos. Hay que darles autonomía y confianza. 

No hay que demonizar la tecnología, que tiene usos estupendos. Tengo un hijo de 18 años que desde los 15 sale a carretera para practicar ciclismo. Siempre comparte su ubicación y nosotros podemos ver si está en movimiento. Si se para quizá le pase algo y le llamamos. Eso es hacer un buen uso de la tecnología. Pero mi hijo, cuando sale por la noche, no activa la geolocalización. Además, es que yo tampoco quiero saber dónde está. Confío en él. Si no, no le dejaría salir. ¿Por qué confío en él? Porque tengo una buena relación, sé que es un chaval formal, conocemos a sus amigos. ¿Me dice todo lo que hace? No. Seguro. Es un adolescente.

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El hipercontrol solo sirve para que los padres estemos tranquilos pero no para educar. Si un padre o una madre solo están tranquilos cuando están localizando a su hijo algo ocurre en esa relación familiar, algo no va bien.

A las redes sociales de los centros educativos también se les puede dar un buen uso. Son un buen elemento de comunicación, pero no tienen que servir como un elemento de control. Es una herramienta que facilita la actividad académica y nos hemos acostumbrado a usarla, como en otros ámbitos de la vida. Es una herramienta, no un control.