La campaña militar (59) | Artículo de Jesús A. Núñez Villaverde Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Ucrania insiste: más armas

Para reconquistar Jersón, Kiev necesita crear una superioridad en medios humanos de al menos tres a uno, como demandan las lecciones aprendidas de tantas guerras -y hasta de cinco a uno, si se entra en combate de localidades-

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Ucrania insiste: más armas

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Ucrania parece dispuesta a pasar a la ofensiva, al menos en lo que respecta a Jersón, tras haber demostrado una notoria capacidad para trastocar los planes rusos, negándole una victoria que Moscú consideraba garantizada hace cinco meses. Pero, aunque limitada en términos geográficos, una ofensiva que abarca un frente de no menos de 200 km no es solo una declaración de voluntad que busca insuflar moral de victoria al bando propio y desmoralizar al enemigo, sino que, para no quedarse en papel mojado, necesita contar con medios reales que hagan factible pasar de las palabras a los hechos.

Así, para empezar, Kiev necesita crear una superioridad en medios humanos de al menos tres a uno, como demandan las lecciones aprendidas de tantas guerras- y hasta de cinco a uno -si se entra en combate de localidades-. Hace apenas un mes, el ministro de Defensa ucraniano, Oleksi Reznikov, aseguraba que en Ucrania, donde habitaban 44 millones de personas antes de la invasión, ya estaban movilizados hasta 700.000 militares de las Fuerzas Armadas, unos 90.000 soldados de la Guardia Nacional, alrededor de 60.000 guardias fronterizos y 100.000 policías. Una fuerza nada desdeñable, que ha demostrado una alta capacidad de combate y resistencia para frenar la invasión rusa, pero desplegada en un país de unos 640.000 km2. Una fuerza obligada a atender, simultáneamente, el frente oriental en el Donbás -de unos 1.000 km de longitud y donde Rusia está ejerciendo su esfuerzo principal-, el frente norte -especialmente para defender Kiev y alrededores de posibles ataques desde Bielorrusia- y el frente sur, con Odesa incluido -en el que se pretende lanzar la mencionada ofensiva para recuperar Jersón. Eso significa, con el añadido de los millones de refugiados en otros países, las bajas registradas desde entonces y el desgaste de las tropas empleadas, que hoy Ucrania no cuenta todavía con esa superioridad numérica, imprescindible para hacer creíble el lanzamiento de una operación de ese tipo.

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Por otro lado, como insistentemente viene dejando claro el propio Volodímir Zelensky desde el principio, tampoco puede desencadenarse el ataque si no se cuenta con medios materiales suficientes para reiterar los esfuerzos necesarios para provocar la derrota o, al menos, la retirada del enemigo. Y aunque es conocido que Kiev sigue recibiendo más y mejores armas desde muchas capitales occidentales, todavía hace una semana los mandos que combaten en el frente de Jersón reconocían que “nos estamos quedando sin munición y Rusia lo sabe”. Sin más carros de combate y vehículos blindados de transporte de tropas de infantería y sin munición y artillería de precisión es aún más difícil romper el frente ruso -que ha tenido tiempo sobrado para reforzar sus posiciones- y progresar rápidamente, para evitar que logren reconstituir una nueva línea de defensa.

Ucrania, en definitiva, está prácticamente al límite de su capacidad para alistar a más uniformados, sabiendo que en ningún caso va a contar con unidades regulares de ningún ejército occidental para sumarse al combate. Su apuesta, por tanto, pasa inexorablemente por disponer de inmediato de más material. Dado que su capacidad industrial para reponer el material perdido, para construir esos necesarios sistemas de armas y para fabricar la munición que necesitan sus unidades de primera línea está muy mermada, la clave de bóveda de esa anunciada ofensiva descansa en la voluntad occidental por atender las reiteradas peticiones de Kiev. Y Rusia también lo sabe.