Artículo de Olga Merino Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Noche loca en el Museo del Prado

Enanos, locos y bufones se descolgaron de los cuadros de la magnífica pinacoteca para saludar a tan ilustres mandatarios

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Pedro Sánchez, junto a los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, y del Consejo Europeo, Charles Michel, y el canciller alemán, Olaf Scholz, ante ’Las meninas’ de Velázquez, el pasado 29 de junio de 2022.

Pedro Sánchez, junto a los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, y del Consejo Europeo, Charles Michel, y el canciller alemán, Olaf Scholz, ante ’Las meninas’ de Velázquez, el pasado 29 de junio de 2022. / EFE / BRAIS LORENZO

Pues sí, la cumbre en Madrid ha sido un exitazo en las formas, por la imbatibilidad en la organización de eventos y una hospitalidad innata propiciada por el clima y el talante expansivo, como la misma OTAN. La marca España está que se sale. Bienvenido, Míster Biden. «Os recibimos, americanos con alegríaaaa. Ole mi madre, ole mi suegra y ole mi tía». Aunque la euforia atlantista resultó bastante empalagosa en su conjunto y la unanimidad monolítica un tanto inquietante, pues hay bien poco a celebrar, sería de muy mal gusto aguar ahora la fiesta. De eso se encargaron en el Museo del Prado, ya bien entrada la noche, después de una cena bien regada con vinos de la tierra y chinchón. Las crónicas no lo cuentan, porque nadie se tragaría semejante inverosimilitud, pero, servidos los postres, aconteció un mágico sucedido: de los cuadros de comenzaron a descolgarse las mujeres barbudas, las monstruas que pintó Carreño, los enanos, locos y bufones, los ministriles, cómicos, comediantes y acróbatas, los «hombres de placer» y otras «sabandijas de palacio» que habitan en la magnífica pinacoteca. No iban a perderse la oportunidad de saludar a tan ilustres mandatarios.

Los primeros en recobrar inusitada vida fueron los liliputienses de 'Las meninas', de natural lenguaraz. Enseguida abrió la boca Nicolasito; ya saben, el que apoya el pie sobre el apacible mastín que yace a los pies del lienzo de Velázquez:

—Qué, majetes, ¿habéis yantado bien? Gazpacho de bogavante, bacalao con naranja, espaldita de cordero a baja temperatura… ¿Pero no iba esto de una guerra?

Luego, tomó la palabra la enana Maribárbola, muy presuntuosa ella y de genio chistoso:

—Todo fenomenal, Pedro, ¿pero de dónde sacarás los maravedís para aumentar el gasto militar? ¡Si han subido hasta las lentejas!

Hasta finales del siglo XVII, fue costumbre en las cortes europeas mantener a tan singulares personajes, que a menudo suplían sus alteridades físicas con una inteligencia chispeante. Hartos de aduladores, cansados de cortesanos arribistas e intrigas palaciegas, los reyes se divertían con la candidez o la mordacidad de los bufones. Los locos, los niños y quienes lo han perdido todo tienen fama de sinceros y les abrían los ojos. Así fue cómo también quisieron sumarse a la bienvenida Calabacillas, Pablo de Valladolid, don Sebastián de Morra y don Diego de Acedo, llamado El Primo, además de otras criaturas velazqueñas. Hubo finas collejas para todos los visitantes.

—Conque «muerte cerebral» de la OTAN, ¿eh, Macron?

—Y a ti, Erdogan, Gran Turco, ¿qué te han prometido? Pues sí que has levantado ligerito el veto a Suecia y Finlandia. 

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—Amigo Orban, que te han sentado junto al marido del primer ministro de Luxemburgo. ¿Le has dado conversación? Toma, Jeroma, pastillas de goma…

A uno de los bufones, apodado Barbarroja, lo han castigado severamente por meterse con Joe Biden y tararearle la canción aquella de Salvatore Adamo que decía «y mis manos en tu cintuuuura». Lo han desterrado. A Rota. Donde los dos nuevos destructores.