El análisis de Javier Aroca Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Cambio absoluto en Andalucía

La reacción de la dirección del PSOE federal ha sido esperpéntica, ausente de autocrítica, alejada de la realidad andaluza y de los nuevos perfiles de la sociedad española

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Cambio absoluto en Andalucía

Los resultados electorales en Andalucía alumbran la primera mayoría absoluta del PP en su historia de autogobierno. Los datos del escrutinio superan cualquier previsión, nadie fue capaz de prever unos resultados tan contundentes. Es un nuevo paradigma, la Andalucía socialista cede.

La campaña larga, tranquila pero con objetivos claros, de convertir a Juan Manuel Moreno Bonilla en el moderado Juanma ha dado un resultado claramente positivo, después de llegar a Andalucía siendo un perfecto desconocido y, perdiendo sus primeras elecciones, haber sido capaz de gobernar con el apoyo de la extrema derecha sin que al parecer nadie se haya dado cuenta.

Anoche, Moreno Bonilla escenificaba su triunfo perfectamente calculado, entre la gente, agradecido pero distanciado del PP de Génova, esgrimiendo la bandera de Andalucía, consagrándose como un líder de un partido de derecha autonomista por primera vez en la historia de Andalucía, purgando, quizá, el pecado original de la derecha andaluza. 

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Moreno Bonilla ha tenido la habilidad de presentar sus políticas de tal manera que parecieran moderadas y, al mismo tiempo, lejos de acabar con las estructuras clientelares creadas por el PSOE durante más de tres décadas, apoyarse en ellas

Con la apoteosis popular, el PSOE aparece como un proyecto agotado, sin recuperarse aún de la derrota de 2018, empeorando los resultados de Susana Díaz, después de ejercer una oposición inexistente durante más de tres años y construir una candidatura poco idónea para despojar al PP del poder.

La reacción de los socialistas andaluces ante la derrota del candidato Juan Espadas ha sido moderada, la de la dirección del PSOE federal esperpéntica, ausente de autocrítica, alejada de la realidad andaluza y de los nuevos perfiles de la sociedad española. Una reacción más cercana a la soberbia que a la humildad exigible después de haber perdido con estrépito.

El objetivo de impedir que la extrema derecha, por necesaria, pudiera formar parte del Gobierno de Andalucía se ha conseguido pero no por méritos de la izquierda sino por el abultado resultado de la derecha andaluza. Un efecto pedagógico que debería animar al PP a continuar por la senda de plantar cara a Vox. En Andalucía se le abrieron las puertas, ahora parece que aquí también puede anunciarse su decrepitud e inutilidad.

Vox no ha sacado los resultados que ellos esperaban, ser lo decisivos que pretendían para seguir en su intento de superar al PP. La extrema derecha queda encapsulada en el Parlamento de Andalucía en su inutilidad. El esperpento de la candidatura lolailo de Macarena Olona queda en un chascarrillo. Alberto Núñez Feijóo respira, ya no tendrá que 'autorizar' en Andalucía un gobierno con la extrema derecha. También respiran los socios ideológicos del PP en la Unión Europea.

Por su parte, Ciudadanos desparece, se quedan en la nada, espacio del que surgieron con la inapreciable ayuda de la demoscopia de encargo y de las plataformas mediáticas. Su existencia solo tenía razón como proyecto político contrahecho. Sus bandazos ideológicos y de alianzas los han hecho prescindibles.

Las otras izquierdas quedan también en la irrelevancia. Las divisiones se pagan, el fulanismo y las disputas infantiles también. Un aviso para ulteriores proyectos. Yolanda Díaz ha tenido, tal vez, su primer baño de fuego negativo. Las primeras interpretaciones del resultado por parte de los miembros de la coalición, presentes o venideros, también divididas y enfrentadas, no auguran un mejor futuro.

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La derecha andaluza ha reaccionado bien ante su triunfo, Moreno Bonilla se ve como líder de futuro, es concienzudo y constante. Sin embargo, las izquierdas no saben cómo explicarse, se justifican mal, y ahora que han sufrido el desastre aparecen en sus justificaciones más como proyectos anticuados o prematuramente viejos que como jóvenes capaces de reaccionar y aprender.

La mejor noticia, sin duda, el ejercicio de la democracia, la tranquilidad, el resultado inapelable y que los resultados impiden que Andalucía sea noticia porque la extrema derecha entre en su gobierno. Ahora es el turno de los demás.