Elecciones autonómicas Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Lo que España se juega en Andalucía

Si el PP se acerca a la mayoría absoluta, antes que permitir que Vox entre en el Gobierno andaluz su obligación es buscar el apoyo del PSOE y los socialistas han de ser receptivos a esa posibilidad

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Juanma Moreno, en Churriana de la Vega (Granada).

Juanma Moreno, en Churriana de la Vega (Granada).

Este domingo, Andalucía está llamada a las urnas. Por su población, por su idiosincrasia y, ahora también, por su aportación al PIB, estas son unas elecciones cruciales para toda España. Por ello, lo primero que hay que reclamar es que los andaluces acudan masivamente a los colegios electorales, venciendo el calor sofocante propio del verano y cierta desafección desigualmente repartida entre las ofertas electorales. La izquierda está más desmotivada que la derecha. Tanto por los cambios en el principal partido de esa comunidad hasta ese momento, el PSOE, como por la desunión y la confrontación en el ámbito de Podemos y de lo que fue Izquierda Unida. La fragmentación favorece en este caso a quien ha gobernado, Juan Manuel Moreno Bonilla, que en sus cuatro años en la presidencia ha trasmitido la mejor imagen del PP, ha deglutido a Ciudadanos y ha hecho olvidar su dependencia de Vox. Moreno acaricia la mayoría absoluta, más que improbable. Dependerá, por lo tanto, de Vox, que ya ha dicho que no le dará apoyo si no es entrando en el Gobierno. Ese será el gran quid del día después de las elecciones. Permitir que Vox entre el Gobierno de Andalucía tiene aún un mayor calado que haberlo hecho en Castilla y León y los socios europeos de Alberto Núñez Feijóo lo considerarán un signo inequívoco de que el PP está dispuesto a alcanzar el poder en la cuarta economía de la UE de la mano de un partido antieuropeo como Vox. Sin recurrir a los prejuicios del cordón sanitario, el PSOE y el resto de la izquierda debe plantearse seriamente si puede permitir este nuevo despropósito.

Moreno Bonilla consolida el poder del PP en Andalucía precisamente porque no ha gobernado según el estereotipo que la izquierda fabrica de su partido cuando está en la oposición. Se ha guardado mucho de cambiar elementos fundamentales del sistema sanitario, educativo o de protección social, las principales competencias de la Junta de Andalucía. Y, en cambio, ha jugado a favor de sacar a la comunidad autónoma de sus propios estereotipos y ambicionar la captación de inversiones y de riqueza industrial, no solo turística o agrícola. De manera incipiente, Moreno ha querido exportar a toda Andalucía el modelo de Málaga, como él mismo ha dicho, aunque lo ha conseguido a medias, tanto por la falta de una mayoría sólida como por la pandemia y la guerra. Moreno Bonilla sabe que ese modelo es incompatible con el frentismo y la guerra cultural que promueve Vox.

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Si el PP se acerca a la mayoría absoluta, su obligación es buscar antes el apoyo del PSOE por muy difícil que resulte antes de unas elecciones municipales y con unas generales a la vuelta de la esquina. Porque Moreno y Feijóo saben que su proyecto es ganador alejado de Vox y no entrando en sus burdas batallas, por mucho aplauso en las redes y en ciertos medios que provoque. Claro que el PSOE debe ser receptivo a esa posibilidad y apostar por un proyecto a medio plazo en Andalucía y por una precampaña de las siguientes elecciones que no se base en el frentismo sino en el realismo. España se juega su futuro en Andalucía. Con todos los respetos, esto no es una comunidad como Castilla y León sino un peso pesado de la demografía, de la economía y de la política. Los juegos a corto plazo nos han llevado a la actual situación a escala nacional, con un Gobierno que se avergüenza de sí mismo, por uno y otro lado, y una oposición que le apoya casi a escondidas. Ni Andalucía ni España entera se merecen seguir ese triste camino.