Artículo de Joaquim Coll Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Sánchez, en su momento más crítico

El presidente del Gobierno afronta su momento más crítico, pero la derecha vuelve a vender su piel antes de cazarlo

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Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez.

Para las derechas y una parte del mundo mediático, sobre todo el que irradia su influencia desde Madrid, Pedro Sánchez está acabado. No solo es que vaya a perder las elecciones, sino que literalmente es como si ya las hubiera perdido. Tanto es así que el pasado miércoles, en el Congreso, la líder de Cs, Inés Arrimadas, se atrevió a verbalizar el rumor que circula entre algunos mentideros de que Sánchez ya habría apalabrado su recolocación en algún organismo europeo o internacional. La derrota del PSOE frente al PP se da tan por segura que incluso se especula con la posibilidad de que el líder socialista renuncie a presentarse, tal como hizo Rodríguez Zapatero en 2011. Se fuerza un paralelismo con la crisis económica de entonces, la que se originó a nivel mundial en 2008, y que en España se agravó por el estallido de la burbuja inmobiliaria, entre otros factores. Se introducen términos de tan ingrato recuerdo como “prima de riesgo” para alimentar una sensación de catástrofe general, como si nos dirigiéramos a un escenario de intervención de las finanzas públicas por parte de Bruselas.

Por otro lado, la llegada de Núñez Feijóo al frente del PP, junto a la probable victoria holgada de los conservadores en Andalucía el 19 de junio, abonan un clima de fin de ciclo. Se quiere trasladar la impresión de que la legislatura está finiquitada, y que Sánchez gobierna en un tiempo de prórroga, con un Ejecutivo profundamente divido. La portavoz del PP, Cuca Gamarra, afirmó que la desunión alcanza al propio PSOE. No hay duda de que la situación política ha cambiado en pocos meses. En marzo, tras la defenestración de Pablo Casado, el principal partido de la oposición parecía acercarse al abismo. Seguramente, si el diputado Casero no se hubiera equivocado en aquella polémica votación sobre la reforma laboral, Casado habría podido sacar rédito de la derrota gubernamental y el enfrentamiento con Isabel Díaz Ayuso no habría derivado en un movimiento en su contra por parte de los barones. En cualquier caso, los populares han acertado en el recambio y el ‘efecto Feijóo’ los ha puesto por ahora en posición ganadora, aunque en su primer cara a cara con Sánchez en el Senado el político gallego se enredó con los números y metió la pata con la prima de riesgo.

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Sánchez afronta su momento más crítico, pero la derecha vuelve a vender la piel del presidente antes de cazarlo. Aunque el PSOE saque un mal resultado en Andalucía, las elecciones generales no van a celebrarse antes de diciembre de 2023, después de que España ejerza la presidencia de turno de la UE, un protagonismo del que el líder socialista sacará provecho. Falta mucho, pues, para que vayamos a votar. Es indudable que las cosas pueden empeorar económicamente, sobre todo si la inflación no se reduce bastante el año próximo y la guerra sigue en Ucrania. Pero también es cierto que la situación en España no es única, ni tan siquiera la peor en Europa en cuanto a crecimiento del PIB este año y el próximo (4,1% y 2,2% respectivamente, según la OCDE), sin olvidar la cifra récord de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social. Además, la política económica del Gobierno es muy parecida a la que están haciendo la gran la mayoría de los países: las ayudas públicas son sectoriales, sin rebaja general de impuestos, una medida que también desaconseja el FMI, aunque Feijóo prometa llevarla a cabo si gana. Que la Comisión Europea haya anunciado que se reformará el mercado energético para abaratar la luz, tal y como pide España, es un espaldarazo a Sánchez, cuya posición es más valorada fuera que dentro.

Finalmente, no hay parálisis gubernamental, y aunque las votaciones en el Congreso se salvan por los pelos, todas las iniciativas salen adelante. El ruido en asuntos como Pegasus, pésimamente gestionado desde la Moncloa, o la incomprensible crisis con Argelia, no debería esconder los logros sociales de una legislatura que empezó con una pandemia que paró al mundo. Esa es por ahora la principal fortaleza de Sánchez, junto a un calendario que le da margen para erosionar a Feijóo. Su debilidad está dentro del Gobierno, porque UP le hace oposición en algunos temas y Yolanda Díaz no logra que su nuevo proyecto eche a andar. Si ese complemento a su izquierda no fructifica, a Sánchez le será imposible volver a sumar mayoría en 2024.