Artículo de Imma Sust Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La prostitución y el consentimiento sexual

No todas las putas son esclavas ni practican sexo sin consentimiento

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Mujeres ofreciendo servicios de prostitución en la calle Robadors.

Mujeres ofreciendo servicios de prostitución en la calle Robadors. / MANU MITRU

Antes de empezar a escribir, sé que este artículo traerá polémica. Hay temas que parece que no merecen gama de grises y algunos solo te dejan posicionar en el blanco o el negro. Quiero hablar sobre las trabajadoras o trabajadores sexuales.  Hoy he leído un cartel de una manifestación que me ha dado que pensar. Decía: “El consentimiento no se compra. Putero, pagas por violar”. Pienso, sin querer hacer apología de la prostitución, que en el momento en que alguien te propone un intercambio sexual y tú dices que sí, ya hay consentimiento. Puedes decir que sí por amor, por deseo, por aburrimiento o por dinero. Eso, guste o no, es consentimiento. El problema del trabajo sexual no es para nada el consentimiento, el problema es la regulación.

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Personalmente, no estoy a favor de pagar para tener un intercambio sexual, pienso que pierde todo el sentido. La gracia del sexo es que te deseen. No sé, es mi opinión. Pero luego hay personas que no piensan como yo. Las respeto y no estoy dentro de su cabeza para saber por qué recurren a ese servicio. Igual que respeto, y mucho, a las trabajadoras sexuales. No hablo de mafias ni de esclavas, que creo que desaparecerían si se regulara la prostitución. Conozco personas que se dedican a ello. Personas que no son para nada esclavas y que hacen este trabajo porque les da la gana. Escogen bien a sus clientes y ponen sus normas y sus límites. No son la mayoría, lo sé. Pero también existen. No todas las putas son esclavas ni practican sexo sin consentimiento. Algunas trabajadoras sexuales asisten a personas o parejas con problemas de movilidad. Las ayudan a veces solo a mantener el vibrador en la mano. O si son ciegas, les acercan el lubricante en el momento en que lo necesitan.

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No criminalicemos el trabajo sexual. No criminalicemos el sexo. Ni a las personas que, por la razón que sea, tienen que pagar para poder disfrutarlo. Dejemos que decidan cómo disfrutar de su sexualidad sin hacer daño a nadie y con consentimiento. Ni que sea pagando.