El trasluz | Artículo de Juan José Millás Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Mala consejera

Llegué a mi destino un poco mareado y arrepentido de no haber dado la razón al taxista. Suelo dársela a todo el mundo, excepto cuando me levanto eufórico

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Parrilla de taxis de la estación de Sants, el pasado 9 de febrero

Parrilla de taxis de la estación de Sants, el pasado 9 de febrero / Ricard Cugat

El taxista llevaba sintonizada una emisora de música clásica. Sonaba la 'Primavera', de Vivaldi, cuyos compases hacían juego con mi estado de ánimo, más bien eufórico, y con la luminosidad del día. Eran las ocho de la mañana y parecía que estábamos estrenando el mundo. En esto, el conductor me observó a través del espejo.

   -¿Se ha dado cuenta de que escucho música clásica? -preguntó.

   -Claro -dije yo con fastidio. No me apetecía hablar.

   -¿Y no le extraña? -insistió.

   -¿Por qué iba a extrañarme?

   -Por mi aspecto. No tengo aspecto de escuchar a los clásicos. Fíjese en el piercing de la oreja y en el de la nariz, y en el tatuaje del cuello. Me cuadrarían más el rock o el rap, ¿no cree?

   -No lo había pensado -respondí de mala gana.

   En realidad, sí lo había pensado, pero el odio me inducía a llevarle la contraria.

   -Pues yo no hago otra cosa que darle vueltas al asunto -añadió él-. Me detesto por no escuchar la música que corresponde a mi estética. Pero he intentado escuchar otra y me aburre.

   -No sé qué decirle -intenté concluir.

   El hombre me miró con rencor. Esperaba que yo tomara partido a favor o en contra de su dilema.

   -¿Usted no tiene contradicciones entre su manera de vestir y sus preferencias musicales? -machacó. No se rendía.

   -La verdad es que no tengo preferencias musicales. A ratos me gustan unas cosas y a ratos otras, dependiendo de la situación, supongo. En cuanto a mi ropa, tampoco pierdo mucho tiempo en elegirla. Me pongo aquella con la que menos llamo la atención.

   -Es usted un poco neutro -expuso con expresión de asco-. No es de esas personas que toman partido.

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   -La verdad es que no -despaché para fastidiar.

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   El hombre apagó la radio, se hundió en un silencio hostil y comenzó a conducir de manera algo brusca. Llegué a mi destino un poco mareado y arrepentido de no haberle dado la razón. Suelo dársela a todo el mundo, excepto cuando me levanto eufórico. La euforia no es buena consejera

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