Artículo de Juli Capella Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Destruir edificios en Ucrania

La arquitectura no logra jamás escapar de su expresión política. Por eso hay que destruirla y arruinarla

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Ancianos junto a los restos destruídos por las bombas rusas de su vivienda en la localidad de Kharkhiv, Ucrania.

Ancianos junto a los restos destruídos por las bombas rusas de su vivienda en la localidad de Kharkhiv, Ucrania. / Serguéi BOBOK / AFP

De pequeño, tras dedicar horas a levantar un castillo –fuese de arena o piezas del Exin–, cuando más disfrutaba era derribándolo. De forma brusca, gozosamente y sin mala conciencia. Por eso no riño a mi hijo cuando los chafa con una sonrisa en la cara. ¿Dónde radica ese turbio placer demoledor? Con los años me he tenido que ir convirtiendo en protector de lo erigido. Valoro el tremendo esfuerzo que supone levantar algo.

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Viene a cuento de las brutales escenas de edificios destruidos en Ucrania que estamos viendo estos días. Uno no puede más que conmoverse. Primero pensando en las personas que albergaban dentro y luego por la pérdida material tan absurda. Resulta paradójico que esos edificios bombardeados por proyectiles rusos fueran, en muchos casos, levantados por el propio urbanismo soviético que durante décadas buscó un nuevo modelo urbano. El libro 'Paisajes del Comunismo' (Capitán Swing), de Owen Hatherley, hace un repaso de cómo Ucrania y demás países socialistas fueron metamorfoseando sus ciudades. Partieron de postulados ambiciosos, una vida comunitaria con las máximas prestaciones. Pero enseguida sucumbieron al peor funcionalismo, para amontonar a la gente, o hacia una ridícula grandilocuencia en los edificios públicos –bueno, en realidad todo era público–. De forma que el estalinismo se emparejó con el impositivo fascismo aparentemente antagónico. La arquitectura no logra jamás escapar de su expresión política. Por eso hay que destruirla y arruinarla. El propio Albert Speer, el ministro arquitecto nazi, prefiguraba cómo iban a ser sus edificios una vez convertidos en ruinas. Ver una estructura aún en pie, pero con los huecos de las ventanas desnudos mostrando el vacío, o un edificio seccionado en plan 13 Rue del Percebe, es pura obscenidad hiriente. Arrasar las piedras significa deshacer la civilización. Cuanto más significativas, mayor énfasis en destruirlas. Deng Xiaoping, sobre el mausoleo de Mao: “fue inapropiado construirlo como también lo sería demolerlo”.