Conflicto Ucrania-Rusia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La máquina de propaganda trabaja a pleno rendimiento

Es lógico que periodistas que han visto mentir a su Gobierno sobre las armas de destrucción masiva en Irak exijan pruebas de lo que afirma Washington

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El presidente de EEUU, Joe Biden, en Washington.

El presidente de EEUU, Joe Biden, en Washington. / KEVIN LAMARQUE / REUTERS

¿Cuánto tiempo lleva EEUU pronosticando una invasión inmediata rusa de territorio ucraniano? ¿Cuánto tiempo, citando informaciones de sus servicios de inteligencia de los que, sin embargo, no ofrece pruebas? ¿Es de extrañar que un reportero de la agencia Associated Press pusiese en duda la veracidad de un informe del Departamento de Estado según el cual Moscú preparaba un vídeo con supuestos lugares bombardeados y cadáveres de ucranianos rusoparlantes que debería servir de pretexto para esa invasión?

La maquinaria de propaganda de EEUU trabaja a pleno rendimiento y es lógico que periodistas que han visto mentir a su Gobierno sobre la existencia en el Irak de Sadam Husein de armas de destrucción masiva exigiesen ver pruebas de lo que afirma Washington.

Pero Washington ha hablado y como dice el adagio latino: 'Roma locuta, causa finita'. Y así vemos, en previsión de esa guerra que anuncia repetidamente EEUU, cómo muchos gobiernos occidentales han invitado a sus compatriotas a abandonar Ucrania.

La secretaria de Estado adjunta de EEUU, Victoria Nuland, una política con fama de halcón y que no ha ocultado nunca su desprecio por la Unión Europea (“Fuck the EU”), se dice segura de que Rusia invadirá Polonia.

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A finales de febrero, la agencia internacional Reuters publicó la noticia de que Rusia estaba enviando conservas de sangre a la frontera con Ucrania, información basada en fuentes anónimas del propio Gobierno de Washington.

Washington no quiere al parecer verse sorprendido una vez más como ocurrió cuando Rusia invadió con nocturnidad y alevosía la península de Crimea.

Los más cínicos sospechan, sin embargo, que el presidente de EEUU, Joe Biden, trata de hacer olvidar el precipitado y vergonzoso abandono de Afganistán por las tropas de su país. 

Del mismo modo, el primer ministro británico, Boris Johnson, que habló últimamente de una inminente “guerra relámpago” rusa para apoderarse de la capital ucraniana, quiere distraer a sus compatriotas de sus problemas internos.

Nadie conoce ciertamente las intenciones del presidente ruso, y así han circulado hipótesis como la de que Vladimir Putin, más que invadir Ucrania, tratará de desestabilizar al país vecino con el objetivo de colocar allí un Gobierno títere.

El Gobierno británico llegó a dar incluso un nombre, el del exparlamentario ucraniano Evgueni Murayev, sin presentar tampoco ninguna prueba y pasando por algo el hecho de que ese político está sancionado en Rusia, que le considera una amenaza para la seguridad del país.

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Otros, como el profesor de la Universidad de Princeton y autor de una monumental biografía de Stalin, Stephen Kotkin, dicen no creer tampoco en una invasión rusa como la que predicen Washington y Londres. Habla Kotkin de la posibilidad de una guerra híbrida como el eventual envenenamiento de las aguas o la atmósfera de Kiev, que obligase a sus habitantes a abandonar la capital, que se trasladaría entonces a Lviv, al oeste de Ucrania, ciudad con un pasado polaco y austrohúngaro.

De esa forma se desmembraría definitivamente Ucrania. Los rusoparlantes crearían su propia capital, Járkov, la segunda mayor ciudad de Ucrania, que fue ya capital de la República Socialista Soviética desde 1923 hasta 1934. El serio historiador de la URSS que es Kotkin parece en este caso más bien un autor de política ficción.