Restricciones por el covid Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Otra Navidad de mínimos, por favor

Por mucha rabia que nos haga, es mejor sacrificarnos que poner en riesgo a los que queremos

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Celebración con un número reducido de comensales.

Celebración con un número reducido de comensales.

Estaba convencido de que tendríamos una Navidad no normal pero sí mejor que la última. El control de la pandemia durante los meses cálidos había sido bueno, tanto que los contagios habían llegado a mínimos. Sabíamos que en otoño subirían (por la vuelta a las escuelas y los trabajos, las bajas temperaturas, etcétera), pero con una población bien vacunada, parecía que la ola se podría dominar. Incluso cuando las cosas se empezaron a descontrolar en media Europa, yo confiaba en que medidas 'blandas' como pedir el pasaporte covid para las actividades de más riesgo serían suficientes para retardar el progreso lo bastante como para entrar en las fiestas con unos niveles de casos tolerables.

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No ha sido así. Al exceso de relajación que arrastrábamos desde el verano se le ha añadido un factor hasta cierto punto esperado pero siempre imprevisible como es una nueva variante. Han tenido que pasar unas semanas para tener datos suficientes sobre el comportamiento de ómicron para saber cómo nos afectaría, pero ahora ya no nos queda ninguna duda: la situación es mala, con unas cifras que ya superan las del pico de enero pasado, y lo será mucho más si no ponemos remedio. El panorama ha cambiado completamente en cuestión de días.

Ómicron se está convirtiendo rápidamente en dominante en muchos países, y también en nuestra casa. Es como mínimo el doble de contagiosa que la delta y, por sí solo, eso ya hace mucho más difícil la contención de casos, de una manera similar a lo que vimos cuando pasamos de la alfa a la delta. Pero es que, encima, ómicron se escapa en parte de los anticuerpos que han generado las vacunas y las infecciones previas. Esto hace que las reinfecciones sean más frecuentes, cosa que contribuye a aumentar todavía más la transmisibilidad. Por suerte, hemos visto que una tercera dosis hace subir los anticuerpos lo suficiente como para que se recupere esta barrera contra los contagios por el ómicron, por eso es tan importante vacunar otra vez a tanta gente como sea posible.

El problema es que no lo podremos hacer tan rápido como para parar los contagios antes de Navidad, por lo tanto, se tendrán que implementar otras medidas. Aquí es donde son indispensables las restricciones, la otra herramienta eficaz que tenemos en una pandemia, aparte de las vacunas. El Comitè Científic Assessor de la Covid-19 hemos trabajado intensamente estos días en unas recomendaciones, basadas en los nuevos datos disponibles. Lo hemos hecho tan rápido como hemos podido frente a una situación que estaba cambiando día a día. Hemos procurado centrarnos solo en lo que se puede aplicar inmediatamente, dejando de lado todo lo que chocaría con la realidad legal del país (otro día hablaremos de por qué con dos años no hemos sido capaces de flexibilizar la legislación para adaptarla a la realidad epidemiológica, como han hecho otros países). A partir de aquí, el Govern ha anunciado una serie de acciones para mirar de contener el problema. Por primera vez este proceso es totalmente transparente: el informe original del comité está disponible en internet, con los nombres de quienes lo han elaborado, y se puede ver fácilmente qué han considerado los políticos que era realista aplicar y priorizar de todo lo que pedíamos.

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Por consenso, en el comité estuvimos todos de acuerdo en que hacía falta proponer evitar los encuentros de estos días: máximo cuatro personas en espacios públicos y solo la burbuja en el domicilio. En consecuencia, yo he anulado las cenas y comidas de Navidad que tenía previstas. Por mucha rabia que nos haga, es mejor sacrificarnos que poner en riesgo a los que queremos. Además, si no extremamos la prudencia, corremos el riesgo de saturar el sistema de salud (la atención primaria ya lo empieza a estar), con todos los problemas que esto comporta también para las otras enfermedades. Y aunque las vacunas funcionan muy bien a la hora de evitar los casos graves y la mortalidad, incluso por ómicron, si el número de casos es alto, el de víctimas también lo será.

Hay que irlo repitiendo: todavía queda mucha pandemia. Nada de lo que está pasando es inesperado, como hemos dicho muchas veces. Habrá más olas y, seguramente, más variantes que complicarán la situación. Sabemos cómo tenemos que responder: vacunando y restringiendo el contacto social cuando haga falta. Son medidas que funcionan muy bien, aunque el precio a pagar sea alto. Por eso, sed prudentes. Y pasad unas felices fiestas.