Percepción ciudadana Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La Barcelona incómoda

La encuesta municipal no revela sorpresas sobre el descontento de los barceloneses en temas como la inseguridad y los problemas de movilidad

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Un joven circula en patinete eléctrico por el carril bici de carrer Provença, en Barcelona.

Un joven circula en patinete eléctrico por el carril bici de carrer Provença, en Barcelona. / FERRAN NADEU

En pleno debate sobre cuál debe ser el modelo de Barcelona, y ante el malestar de parte de la ciudadanía, que se ha canalizado en protestas contra la gestión del equipo de gobierno, al que acusan de perder oportunidades económicas y de gobernar sin pulso, el Ayuntamiento presentó ayer la encuesta de servicios municipales que refleja, desde hace 32 años, las inquietudes de los habitantes de la ciudad.

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En ese sentido, el sondeo a casi 6.000 encuestados no ha revelado sorpresas en cuanto a cuál es el problema percibido como número uno: el de la inseguridad (así lo expresa un 14,5%), aunque supone un descenso de casi tres puntos, respecto a lo manifestado en 2020.

Por otra parte, si sumamos distintos agregados, emerge de manera destacada (con casi un 10%) una segunda preocupación: la de los problemas derivados de la movilidad. Un epígrafe en el que se incluye desde el descontento por el aumento de la congestión del tráfico (el vehículo privado se mueve en los mismos niveles de dos años atrás) a las quejas por el uso de bicicletas y patinetes. Es este un punto crucial: no se recuperará una plena normalidad, social y económica, hasta que los ciudadanos hagan suya la recuperación del transporte público, que aún se sitúa un 20% por debajo de los niveles prepandémicos. También desde una perspectiva global, si Barcelona quiere ser incluida entre las urbes que son más claramente conscientes de la emergencia climática a la que nos enfrentamos, a pocos días de la cumbre de Glasgow.

En cambio, un aspecto que ha sido ampliamente criticado durante los últimos meses en distintos barrios de la ciudad, como es el de la gestión de la limpieza de sus calles, alcanza un 7%, situándose como quinta preocupación global. Aunque, eso sí, los ciudadanos que consideran que Barcelona está peor que hace un año, en este apartado (un 30,7%) superan a quienes creen que está mejor (28,4%). Y a esa percepción pueden haber contribuido gestiones claramente mejorables, como el sistema de recogida de basuras puerta a puerta en barrios como el de Sant Andreu, finalmente retirado.

El equipo de gobierno no sale mal parado del sondeo de 2021: mientras hace un año la gestión municipal se alzaba como segundo problema más importante, solo por detrás de la inseguridad, ahora pasa al décimo lugar, mientras cosecha un 77% de aprobación. Este menor malestar con la marcha de la ciudad también se refleja en un ligero aumento de los que muestran su satisfacción por vivir en Barcelona (7,5 frente a 7,3, en 2020). Sin embargo (como ha reflejado este diario en más de una ocasión), aún hay un 28% de barceloneses deseosos de abandonar el municipio, por encima de la media de años anteriores, en una clara muestra de la incomodidad con la que perciben la ciudad una parte de sus habitantes.

Sondeos como el de ayer corren el riesgo de ser instrumentalizados; como aval, por parte del equipo gobierno municipal o como objeto de crítica, por parte de la oposición. Por encima de los intereses de unos y otros, y pese a las buenas intenciones y las políticas públicas aplicadas, parece claro que ha sobrado dogmatismo y se ha echado en falta más diálogo en la gestión municipal. Y la ciudad ya no tiene tiempo que perder: tanto ante los retos globales como ante los trenes económicos que no puede perder, básicos para alcanzar un desarrollo sostenible y que no deje atrás a sus ciudadanos.