APUNTE AZULGRANA

Oficio contra bullicio

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Mendy roba un balón a Gavi.

Mendy roba un balón a Gavi. / Jordi Cotrina

Para muchos, es como si la pandemia hubiera acabado. Sí, claro, subsiste el engorro de las mascarillas, pero ya estamos bailando y tomando copas como si nada. Y llenando estadios, aunque en el caso del Camp Nou no todo era culpa de las restricciones del Procicat, sino de las consecuencias de otro virus, el que ataca al equipo con síntomas como la letargia, el aburrimiento, la falta de convicción. Y más, todos los que ustedes quieran añadir. Pero llega el clásico y vuelve a ser un Barça-Madrid "de verdad", como dice Ricard Torquemada en la TdT de Catalunya Ràdio. Con mosaico incluido, que no es el más vistoso de la historia, pero que transporta al culé, por unos momentos, al lado luminoso de la vida. Un espejismo. Como todo el partido. La sensación de ver un oasis al fondo y desear que esta tarde esplendorosa de otoño sea un regocijo de palmeras y dátiles. En los primeros minutos y con la presión desaforada, con ese casi gol de Dest, y con el Madrid arrinconado, el espejismo parecía ser cierto, real. No con odaliscas danzando alrededor de la 'haima', pero sí con los camellos bebiendo en la fuente y un poco de sombra entre tanto desierto. 

Pero la realidad está ahí, implacable. El espejismo genera visiones fugaces y la realidad se encarga de echar por tierra el castillo de naipes. Y la realidad se llama oficio (del Madrid) contra bullicio (del Barça). Y se llama velocidad en el contraataque contra acumulación sin propósito. 

Vacuna contra el pesimismo

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El Espai Barça no es el sueño húmedo de los 1.500 millones que va a costar la broma (hoy por hoy, otro espejismo), sino este momento concreto que ya nos empuja más a la conformación que a la desesperación. Es un espacio sin tiempo, o con el tiempo de las ilusiones clausurado, sin más perspectivas que agarrarse a los vicios más depravados, como confesaba el día del Dinamo mi amigo Jordi Puntí. "Es la primera vez que puedo ver al Barça leyendo un libro". En el día dedicado a las bibliotecas, puede que haya optado también por una decisión tan sabia. Al final del encuentro, un dron nos enseñaba la imagen del paupérrimo estadio envejecido y triste y, al fondo, los cipreses y las tumbas silenciosas del cementerio de Les Corts. No quisiera entrar en el juego de las metáforas, pero ya me entienden. El realizador nos obsequió con la real estampa funeraria del momento.  

Para algunos, la pandemia ya es algo del pasado, pero otros advierten de la llegada de la Delta Plus, la variante de los ingleses, que amenaza con provocar nuevos descalabros. Dicen que van a exigir un pasaporte covid para entrar en restaurantes y espectáculos. En caso de implantarse en el Camp Nou, debería exigirse, a parte, un certificado de vacunación contra el pesimismo. O un test de antígenos contra la puñetera realidad, que no arregla el puñetero gol más inútil de la trayectoria del Kun.