EEUU es otra vez un país asustado y vulnerable

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Imagen de la serie ’11-S: Testigos de la tragedia’

Imagen de la serie ’11-S: Testigos de la tragedia’ / National Geographic

En el espacio exacto que ocupaban los cimientos de las Torres Gemelas se construyeron dos cascadas en las que el agua fluye sin detenerse. Representan el triunfo de la vida. El memorial del 11-S es un cementerio sin cadáveres porque la mayoría de las víctimas se volatilizaron en los atentados y en el posterior derrumbe de los edificios. En las barandas que las circundan están grabados los nombres de los 2.977 muertos del 11-S, incluidos bomberos y policías, además de los pasajeros del vuelo 93 estrellado en Filadelfia y los seis fallecidos en un atentado en 1983. Es frecuente ver flores, banderas, mensajes en el trazado de las letras. Es emocionante, pero ahí solo están nuestros muertos.

Aquel 11 de septiembre de 2001, el presidente George Bush recibió la noticia al oído mientras visitaba una escuela de Florida. Su rostro desencajado y sus manos aferradas a un libro infantil eran la imagen de un país zarandeado que había descubierto su vulnerabilidad. La superpotencia nuclear capaz de dictar el orden mundial y decidir quién gobernaba donde tenía intereses acababa de ser víctima del mayor atentado terrorista de la historia. Fueron horas terribles en las que se activaron los sentimientos primarios: miedo, rabia y odio. Se impuso el Far West, el linchamiento colectivo.

El jefe de Al Qaeda, Osama bin Laden -antiguo aliado de EEUU en la guerra de guerrillas contra la URSS en Afganistán- reclamó la autoría. Era saudí como 15 de los 19 terroristas que estrellaron los aviones. Bush tenía una salida policial: descubrir el papel directo o indirecto de Riad en los atentados y por qué fallaron sus servicios de espionaje. Y otra militar: matar a Bin Laden. Tal vez hubiese bastado para acallar la sed de venganza de la sociedad norteamericana.

Simpatía hacia EEUU

En las primeras semanas después de los atentados hubo una corriente de simpatía mundial hacia EEUU. La gente paraba a los turistas estadounidenses en las calles para darles el pésame y un abrazo. Bush tiró ese capital por la borda. Era la oportunidad de un nuevo orden.

A Bin Laden lo mataron años después, el 2 de mayo de 2010, con Obama en la Casa Blanca. Fue una operación de comandos dentro de Pakistán. Entre el 11-S y 2010, Washington tuvo tiempo de invadir Afganistán e Irak, y crear Guantánamo. El país que se autoproclama la mayor democracia del mundo violó los derechos humanos y despreció la presunción de inocencia. En Afganistán han muerto 50.000 civiles en 20 años. En Irak, más de 200.000. ¿Dónde está su homenaje fúnebre con sus nombres grabados?

EEUU, que acusó a los talibán de cobijar a Bin Laden y a Al Qaeda, lo que era cierto, inició los bombardeos sobre Afganistán el 7 de octubre de 2001. Kabul cayó un mes después. Tras este éxito comenzó a preparar el relato que justificaría la invasión de Irak, un país que nada tenía que ver con el 11-S o Al Qaeda. En este caso, primaba la gula del petróleo.

Han sido 20 años en dirección equivocada, en los que EEUU ha desatado la inquina de grupos yihadistas, perdido la simpatía popular y la auctoritas entre gobiernos amigos y enemigos. Es otra vez un país asustado y vulnerable.

A Joe Biden le ha estallado la fantasía de que EEUU fue a Afganistán a mejorar la vida de la gente, sobre todo la de las mujeres. Las imágenes del aeropuerto de Kabul, con decenas de miles de afganos desesperados por huir de los talibán, han liquidado su presidencia. Su maniobra de levantar el secreto de los archivos del 11-S es una jugada defensiva, ya veremos si maestra. De ahí debería surgir el hilo saudí y los que trataron de ocultarlo. Puede ser un escándalo.

Malas noticias para Biden

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John Bolton, uno de los halcones de Bush, coinventor de la excusa de las armas de destrucción masiva junto a Dick Cheney y Donald Rumsfeld, asegura que es inevitable que EEUU vuelva a intervenir en Afganistán. Parece que nadie ha entendido nada, ni siquiera los talibanes que han formado un Gobierno con los más duros. Quedan pocas opciones. Una podría ser empezar a matar ministros afganos, ahora que EEUU ha descubierto su rostro. Sería suicida.  

Todo fluye en favor de China. Pekín hereda por proximidad geográfica el desastre que hemos dejado atrás. Es su oportunidad para ejercer como la gran superpotencia que aspira a ser. Para Biden todo son malas noticias. Se le ha puesto cara de Jimmy Carter, un presidente de un solo mandato. No es solo la prohibición de hecho del aborto en Texas, es que todo fluye en favor de Donald Trump en 2024, o de otro peor. Deberían ver la serie El cuento de la criada. Ya hasta me parece optimista.