Dietario de la espera Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La gran bahía del calendario

Sobre la despedida de Messi, la caída de Kabul y otras escenas que se contradicen con la luz de agosto

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Messi, a su llegada a París tras fichar por el PSG.

Messi, a su llegada a París tras fichar por el PSG. / REUTERS / YVES HERMAN

Domingo, 1 de agosto. Después de un año y pico cuesta arriba, de arar la parcela con una yunta de bueyes cojos, parecía imposible llegar a nado hasta la gran bahía del calendario, la playa ancha de agosto. Arrancan hoy 31 días blancos como sábanas de hilo, cuatro semanas cargadas de promesas: el tiempo elástico, los encuentros con amigos, la charla sin relojes y una pila de deseos y lecturas postergadas, como la novela de la argentina Dolores Reyes. ‘Cometierra’ narra la historia de una muchacha vidente que mastica barro para vislumbrar el paradero de mujeres desaparecidas cuyas familias las buscan desesperadamente por la periferia bonaerense. Mujeres tragadas por el sumidero de la violencia.

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Viernes, 6. Obras en el edificio, dos pisos más arriba. Sinfonía de taladros y martillos percutores. La insidia del polvo de cemento que flota en el aire como una maledicencia en la estación de las ventanas abiertas. Encima, Messi se larga del Barça; lo que faltaba para redondear la sensación de derrumbe global, de acumular fullerías en todos los ámbitos.

Domingo, 8. Salgo a caminar por el bochorno paseo de Sant Joan abajo, sin demasiado propósito en el andar. Las viejas calles, tantas veces transitadas, parecen dormir una siesta pesada, de esas de las que uno se despierta cabezón y desnortado. Huele a pis. Hacía años que no se veía una desbandada de la ciudad tan general. Barcelona está rara; pocos turistas, de los de alpargata, comercios cerrados y la tristeza que produce el urbanismo táctico y feísta. Había que echar una mano a los hosteleros tras el confinamiento, pero qué poco apetece tomarse una caña entre bolardos de plástico y bloques de hormigón. Tampoco se entienden mucho las rayas amarillas sobre la calzada. ¿Adónde vas, Barcelona?

Lunes, 9. Algunos grafitis encontrados desde que empezó el verano: «La memoria del corazón no olvida»; «Lo mejor de haber nacido sin nada es k nada es esencial». Y sobre un anuncio de vestidos de novia, un bocadillo de cómic sale de la boca sensual de la modelo con la frase: «Tengo miedo. Sorry, mum».   

Miércoles, 11. Escapada repentina al País Vasco; me acoplo al viaje que ya tienen en marcha un par de amigos acogedores. Cola inclemente para facturar en el vuelo matutino a Bilbao. Un país bien raro este; hemos pasado de los aeródromos fantasma (Castellón, Albacete, Ciudad Real Lleida) a las instalaciones sobresaturadas. O los engranajes funcionan todavía a medio gas tras la pandemia o bien El Prat se ha hecho pequeño. ¿Hay que ampliar el aeropuerto? Más dudas que certezas. Otra vez, ¿adónde vamos?, ¿qué modelo de desarrollo queremos?

Jueves, 12. La belleza de la costa vasca. Bermeo, Ondarroa, Lekeitio, Getaria, Hondarribia… En pocos kilómetros, la vista se desliza del verde abeto al azul cobalto y agradece sobrecogida el reencuentro con la naturaleza, la grandiosidad del espacio. En Mutriku, un pueblo de calles empinadas que se abocan en vertical sobre la bocana, un grupo de pescadores desgrana una charla en euskera en una taberna del puerto. Rostros duros. Descendientes de aquellos marineros que en el siglo XVI se hacían a la mar en precarias chalupas con las lanzas sangraderas en ristre a la busca de la ballena, de su preciada grasa, en una lucha a vida o muerte. Somos una generación privilegiada que dilapida su buena fortuna.

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Lunes, 16. El regreso a casa coincide con la entrada de los talibanes en Kabul para imponer su atroz régimen islámico. Ríete de los aeropuertos atestados que lamentamos los consentidos turistas occidentales. Pienso en el terror de las mujeres afganas, en los versos de la poeta mártir Zarmina: «Me vendiste a un hombre viejo, padre. / Que Dios destruya tu casa, yo era tu hija». Más mujeres engullidas por el olvido. La portada de ‘Charlie Hebdo’ pone el dedo en la llaga: tres mujeres con burka celeste llevan el dorsal 30 que Messi lucirá en el PSG, club financiado por los dineros de Qatar.  

Miércoles, 18. Aniversario del asesinato de Lorca, 85 años de una muerte que encarna la sal en la herida, la sinrazón, la gran tragedia de la historia. Parece impensable morir y matar en agosto, tanta ignominia bajo la luz de estos atardeceres que cantó el poeta granadino: «Agosto. / Contraponientes / de melocotón y azúcar, / y el sol dentro de la tarde, / como el hueso en una fruta».