Cita en Waterloo

Foto del pasado con fondo de enemistad

Mil fotos se harían Puigdemont y Junqueras y en ninguna conseguirían transmitir una imagen de confianza, complicidad o futuro

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Junqueras y Puigdemont, en Waterloo.

Junqueras y Puigdemont, en Waterloo. / ACN

El campo de batalla de Waterloo es una preciosa pradera ondulada salpicada de suaves elevaciones. Allí, Wellington alcanzó la gloria militar y Napoleón se convirtió en leyenda. Habían empatado a muertos pero los voceros de la Séptima Coalición fueron más listos y corrieron a Bruselas a proclamar su victoria, que cambiaría Europa. Cerca de este santuario hay una urbanización de medio pelo en la que Carles Puigdemont pasa los días esperando acontecimientos en un modesto chalet estilo Ikea, pomposamente bautizado como Casa de la República. Allí, el expresidente de la Generalitat se ha fotografiado al lado de Oriol Junqueras, su exvicepresidente, en tour por Europa para acusar al Estado que lo ha indultado de opresor obcecado. Los dos protagonizaron la derrota de 2017 y además se enemistaron probablemente para siempre, tanto como para no hacerse una foto los dos solos.

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Mil fotos se harían Puigdemont y Junqueras y en ninguna conseguirían transmitir una imagen de confianza, complicidad o futuro. En octubre de 2017 se empujaron mutuamente al desastre político y tras ellos arrastraron el país a la discordia. En su intento de hacer pasar al otro por miedoso, acabaron enfrentándose de forma muy incompetente a un viejo Estado malhumorado que reaccionó ciertamente con mala uva y con base jurídica retorcida. Ellos gestionaron la primera mentira fértil del independentismo, la que mantenía que el parlamento autonómico de Catalunya lo podía todo, incluso derogar la Constitución y el Estatut.

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La reunión celebrada en Waterloo por buena parte del ‘estado mayor’ de aquel primer fiasco llega en plena gestación de la segunda mentira fértil. La fertilidad de una mentira consiste en vestir al engaño como un paso imprescindible para una victoria futura. Ahora, se dice querer negociar con el Gobierno central la aprobación de una amnistía y el reconocimiento del derecho de autodeterminación como componentes de un supuesto consenso de hierro de la sociedad catalana. Una interesada confusión entre mayoría parlamentaria y mayoría social y entre el ejercicio del voto y la aplicación del derecho de autodeterminación. Múltiples estudios demoscópicos señalan que la gran mayoría de catalanes cree y quiere que este conflicto acabe en las urnas para avalar una propuesta política negociada. Incluso Pedro Sánchez y el PSC están ahí, estando cómo están contra la autodeterminación de Catalunya.

La foto de grupo en la que salen Junqueras y Puigdemont se corresponde con el pasado porque el futuro de todos ellos es incierto, sujeto a múltiples circunstancias judiciales, financieras y políticas que escapan a su control. La nueva dirección de la segunda edición del ‘procés’ no aparece en la fotografía, tiene una correlación de fuerzas algo diferente al primero, conoce los límites de la retórica, ha descubierto la fuerza del Estado y tiene presente que el objetivo prioritario no es el advenimiento de la república catalana sino paliar las penosas consecuencias del intento frustrado.