Niños y jóvenes

Final de curso

Arrinconar los libros será este año mucho más que eso. Será también arrinconar los sacrificios, las exigencias

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Aula de bachillerato en el instituto Escola Costa i Llobera, en Barcelona.

Aula de bachillerato en el instituto Escola Costa i Llobera, en Barcelona. / Ferran Nadeu

Se acaba otro curso. El segundo curso pandémico, que comenzó con distancias, medidas de seguridad, tomas de la temperatura y el riesgo de tener que confinar grupos en cualquier momento. El curso en que el profesorado tuvo que aprender a hablar en un aula sin quitarse la —o las— mascarillas, a actuar rápido en caso de positivos, a alternar lo virtual con lo presencial, a ayudar a los vulnerables jóvenes a vivir la rareza de esta situación. También el curso en que los alumnos se han quedado sin tanto. Sin excursiones, sin viajes de fin de ciclo, sin salidas especiales, sin ese viaje en el cual habían invertido tantas ilusiones... También el curso en que han tenido que mantenerse a distancia de sus amigos, estudiar a veces a través de las pantallas, adaptarse a una situación que cambiaba cada día, compartir la conexión y el espacio con el resto de miembros de la familia. También ha sido el curso en que se ha culpabilizado a los adolescentes del aumento de la curva de contagios mientras esos mismos adolescentes sufrían más desórdenes alimenticios y más tentativas de suicidio que nunca. La soledad y el aislamiento tienen su precio, más aún en colectivos tan necesitados de relaciones. Me decía hace unos días una chica de quince años que siente una tristeza infinita al pensa ren todo lo que tal vez se ha perdido en los últimos meses, en especial lo que no es capaz ni de imaginar.

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Menos mal que se termina el curso, profesores, profesoras, alumnos y alumnas. Menos mal que habéis estado ahí, unos y otros, resistiendo, adaptándoos. Arrinconar los libros será este año mucho más que eso. Será también arrinconar los sacrificios, las exigencias. Vivir el verano como el tiempo de renovación y metamorfosis que siempre ha sido. También como la tregua de alegría que todos necesitamos. Volver en septiembre soñando con que las cosas tal vez serán distintas. Adolescentes vacunados, docentes más tranquilos. Y la vida dispuesta a sorprendernos a cada paso. Y nosotros valorando como nunca que no lo haga.