Diálogo

Entramos en vía lenta

El plazo que los contendientes de la Moncloa y la plaza Sant Jaume se han dado para hacerse carantoñas es de dos años

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, en el acto de entrega de la medalla de Foment, el pasado 7 de junio en Barcelona.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, en el acto de entrega de la medalla de Foment, el pasado 7 de junio en Barcelona. / POOL MONCLOA / FERNANDO CALVO (EFE)

Ahora, antes de que lleguen las vacaciones políticas, parece que las cosas se aceleran, pero todo parece indicar que en otoño entraremos en vía lenta. Vía lenta en Madrid. Vía aún más apaciguada en Catalunya. De modo que los impacientes, los apresurados, los que detectan grandes llamaradas donde ni siquiera aparece una minúscula espiral de humo, podrán elegir entre la bicicleta estática y la cinta de correr, y si son de los que no actúan ni piensan actuar pero animan a los demás a acelerar a ver si pasa algo gordo y revienta todo de una vez, más vale que esperen yacientes porque de pie se cansarían.

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El plazo que los contendientes de la Moncloa y la plaza Sant Jaume se han dado para hacerse carantoñas es de dos años. Los dos que faltan para que los partidarios del diálogo y los que simulan estar encadenados a la mesa lleguen a la conclusión de que no hay nada que concluir. Son los dos años que faltarán a finales de este 2021 para que se acabe la legislatura y los socialistas vuelvan a enseñar el profundo interior de la chistera asegurando que esta vez sí aparecerá, no un conejo, sino toda una retahíla de gazapos. Más adelante ya veremos, o ya se verá, cómo Pedro Sánchez se frota las manos y exige apoyos aún más gratuitos si la suma de PP y Vox roza la mayoría absoluta sin alcanzarla.

De momento, para decepción de los amantes de la agitación y el altercado, Pedro Sánchez y Pablo Casado se han quedado sin oposición interna y sin ganas de andar a navajazos mientras Jordi Sànchez debe de estar ansioso por acompañar a Pere Aragonès a cenar donde el rey al precio de fulminar a los pocos radicales que quedaban en JxCat. Pasado el verano, cuando los presos ya lleven meses en la calle, cuando la lentitud de la justicia europea supere la novela homónima de Milan Kundera, el PP se haya quedado sin munición en Madrid, en Catalunya, la coalición durmiente que, como algunos impacientes impostados recuerdan, tenía que explorar todas las vías, deberá optar entre la más extrema y aburrida parsimonia y la vía muerta.