Pros y contras

Aplausos hirientes

No es difícil reconocer en la ovación a Plácido Domingo una mirada cada vez más crítica hacia las denuncias y las aspiraciones feministas.

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Plácido Domingo, este miércoles en el Auditorio Nacional de Madrid.

Plácido Domingo, este miércoles en el Auditorio Nacional de Madrid.

¿Qué aplaudían, señores (y señoras)? ¿Qué aplaudieron durante tres minutos en el Auditorio Nacional de Madrid? ¿Qué jalearon en las redes? ¿Qué admiraron en las tribunas? Un hombre con poder es acusado por una veintena de mujeres de acoso sexual y señalado por muchas más. El agresor acaba reconociendo los hechos. Y, aun así, se aplaude, se jalea, se admira públicamente a ese hombre. ¿Qué se pretende con tanta glorificación? ¿Vejar un poco más a las víctimas? ¿Mofarse de su angustia, de su miedo o de su humillación? ¿Intimidar a otras mujeres para que no denuncien, para que no se atrevan a enfrentarse a esos hombres todopoderosos que hacen y deshacen a su antojo, que someten a su voluntad, que creen ser los propietarios de todo lo que les rodea: de la fama y de los cuerpos ajenos?

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No es difícil reconocer en la ovación a Plácido Domingo esa corriente que nos atraviesa, desde la ultraderecha hasta ciertos sectores que se autodenominan progresistas. Una mirada cada vez más crítica hacia las denuncias y las aspiraciones feministas. A veces, expresada desde el insulto. Otras, desde la burla condescendiente. Al fin, modos diversos de señalar los límites. La frontera de los privilegios.