Moda política

Dos tazas

Las ruedas de prensa en la calle, abiertas también a transeúntes y simpatizantes, pueden resultar nefastas para quienes, en el atril, son incapaces de distinguir la velocidad del tocino

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Pablo Casado durante su visita a Ceuta.

Pablo Casado durante su visita a Ceuta. / EUROPA PRESS / ANTONIO SEMPERE

Alerto de una nueva moda, una idea nefasta, que está empezando a cuajar en el día a día de nuestras costumbres: la rueda de prensa en plena calle, al aire libre, al sol que más conviene. Que no tiene porque ser, forzosamente, el que más calienta. (Aunque, a tenor de lo visto en los primeros ejemplos -dígase Murcia hace meses, dígase Ceuta hace días-, no hace falta el sol para que a unos se les caliente la boca y a otros las manos, en lógica secuencia de hechos.) Hasta ahora las hemos visto convocadas solo por algunos partidos políticos. Pero no me extrañaría que, extendiéndose rápido el ejemplo (la velocidad de propagación de algo, lo que sea, nos tiene obsesionados a cuenta del maldito virus), pudiéramos asistir mañana a una rueda de prensa en la que se presentara el nuevo CD de Love of Lesbian en la confluencia de Tamarit y Borrell, por elegir un recodo tranquilo y con sombra en el remodelado barrio de Sant Antoni, y acercarnos después, ¿por qué no?, a media tarde, a la del último libro de Javier Cercas, justo en el cruce que forman Enamorats y Independència, dos calles no escogidas al azar, precisamente. 

De cundir el ejemplo, podríamos llegar a ver a Ronald Koeman asomado al balcón del Nuria, por encima de la fuente de Canaletas, contestando desde allí las preguntas que genere el recién terminado partido del Barça. O, quizás, a Reyes Maroto, ministra de Industria, intentando aclararse con las tarifas eléctricas mientras camina -ella y la prensa, llevando el paso- por la calle de la Fosca a las primeras del día y por la de Linterna al caer la noche. 

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Apunto aquí, a modo de sugerencia, los nombres de otras calles de Barcelona en las que se podrían convocar ruedas de prensa en amable consonancia con las materias de que se trate. Los hay para todos los gustos, cargos, ideologías y gremios. A lo ancho y largo de la ciudad. Sugiero, entre muchos escenarios posibles, las calles de Amistat, Legalitat, Igualtat, Llibertat, Unió, Judici, Concòrdia, Oblit, Harmonia, Getsemaní, Amics, Canvis Nous, plaza del Dubte, de la Pantomima, calle de Socors, de la Santapau, del Negoci y Malcuinat. Añado, para concluir, la calle de Ja-Hi Som. Existe, les doy mi palabra

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Esas ruedas de prensa, abiertas también a transeúntes y simpatizantes, pueden resultar nefastas, empero, para quienes, en el atril y sobre el estrado, no tengan las cosas claras, incapaces de distinguir la velocidad del tocino. Porque pueden caer, y de hecho han caído todas hasta ahora, en la trampa del más detestable populismo. Darle la razón al primero que pasa (al primero que grita) y negarse a responder la pregunta del periodista es cosa de... ¿ignorantes, ingenuos, novicios, retorcidos, inexpertos, irresponsables, políticos a la fuga?  

Imagino la próxima rueda de prensa. Veo al político en el atril. Y veo a los periodistas como veo a mi madre a la hora de la cena, cabal y astuta Cruella de Vil, con el mismo plato que rechacé al mediodía: "¿Dijiste que no querías caldo?".

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