Futuro aeroportuario

Ansiedad por El Prat

La ansiedad por la ampliación del aeropuerto es difícil de comprender, puesto que el arranque de la misma se deja para 2027-2031

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Ansiedad por El Prat

Las decisiones sobre ampliaciones de aeropuertos suelen durar años e incorporar a los actores de la aviación y el territorio. Sin embargo, desde mediados de mayo, un ambiente de ansiedad, urgencia y confrontación parece haberse instalado en la sociedad civil catalana. Mayo fue el momento en el que el presidente de Aena relanzó públicamente su campaña para alargar 500 metros la tercera pista de El Prat, entrando en un espacio Natura 2000. También apeló al territorio a que tomara la decisión antes del verano. Además, algunos han dado a entender que solo así la inversión podía ser incluida en el segundo Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA), que cubre el periodo 2022-2026.

Desde este punto de vista, la situación de ansiedad es difícil de comprender. En realidad, el DORA ya fue aprobado por el consejo de administración de Aena en marzo de 2021 y ha sido remitido a Aviación Civil y a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia para su visto bueno. Siguiendo la legislación, el DORA II será aprobado por el Consejo de Ministros antes del 30 de septiembre. Además, como ha sido ampliamente reportado en la prensa, el DORA II retrasa la inversión en El Prat y en Barajas y sólo dedica unos 380 millones de euros a poner en marcha obras menores en ambos aeropuertos a partir de 2024, dejando el arranque de las ampliaciones para el DORA III (2027-2031).

Si se quiere que la decisión la tome el territorio, lo mejor sería crear una comisión independiente, en la que los diferentes grupos de interés pudieran enviar sus propuestas y estas fueran evaluadas con criterios claros

Así pues, deberíamos dejar la ansiedad atrás y confiar en que hay por delante tiempo para que todos los actores puedan dar su opinión, de hecho, la recuperación de tráfico será lenta. No solo opiniones a favor y en contra de esta propuesta, sino de todas las posibles alternativas y, sobre todo, de las medidas de optimización. En este sentido, no olvidemos que aeropuertos con una única pista, como Gatwick, mueven casi 47 millones de pasajeros al año. Otros, como Heathrow, con dos pistas, llegan a los 81 millones. ¿Cómo puede ser que El Prat tenga tantos problemas con 53 millones de pasajeros? Pero el cuello de botella no solo está en el campo de vuelo, sino también en las terminales. Cuestión económicamente superable con una terminal satélite.

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Si realmente se quiere que la decisión la tome el territorio, lo mejor sería crear una comisión independiente, en la que los diferentes grupos de interés pudieran enviar sus propuestas y estas fueran evaluadas con criterios claros. Llevar el debate a la batalla mediática y política solo lleva a la división, la que no es buena para tomar decisiones complejas y duraderas.