Artículo del director

El país tampoco les espera

El autogobierno catalán retrocede y esta vez no es por culpa de Madrid sino de los partidos que pueden hacer Gobierno

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Josep Rius y Elsa Artadi llegan a la cárcel de Lledoners para reunirse con Pere Aragonès y Jordi Sànchez, que cumple condena por el 1-O , sobre la formación de Govern.

Josep Rius y Elsa Artadi llegan a la cárcel de Lledoners para reunirse con Pere Aragonès y Jordi Sànchez, que cumple condena por el 1-O , sobre la formación de Govern. / Ferran Nadeu

Lluís Prenafeta cuenta en sus memorias como, en 1980, entró apresurado al despacho de Jordi Pujol pocos días después de que tomara posesión como 'president'. El entonces todopoderoso secretario general de la Presidència le comunicó, asustado, que había una manifestación de metalúrgicos en la plaza Sant Jaume. Pujol se mostró eufórico: "Lluís, ja som importants si la gent ve a manifestar-se". Prenafeta quedó estupefacto. El drama es que hoy, 41 años después de aquel momento, tras varias mayorías absolutas de CiU, dos tripartitos, el Govern dels millors de Mas, unos cuantos juicios por corrupción, varias confesiones y dos referéndums fallidos de independencia, ya no se le ocurre a nadie manifestarse en la plaza Sant Jaume.

Hay algo peor que la crítica o la confrontación. Es la indiferencia. En el actual Parlament, hay muchas mayorías posibles, pero Esquerra y Junts han decidido, libremente, que solo una es posible, la que pueden conformar con la CUP. Están en su derecho y es democrático aceptarlo. La pregunta es: ¿por qué no lo hacen? Eso es un misterio, para los no independentistas y me consta que también para muchos independentistas. La Generalitat ha pasado a ser irrelevante e insignificante para las personas que ven peligrar su trabajo, para los empresarios que quieren reflotar su negocio, para los ayuntamientos y para casi todo el mundo. Con esta estrategia incluso resulta poco creíble que quieran de verdad tener un Estado, cuando desde hace un año han renunciado a gobernar una comunidad autónoma.

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Hace unos días, Antoni Garrell, Xavier Ferrás, Xavier Marcet y Esteve Almirall publicaban en La Vanguardia un artículo con un título sugerente: El mundo no nos espera. Hoy, desde El Periódico, sindicatos y patronales lanzan un ultimátum: el país tampoco les espera. La gente se está buscando la vida, al margen del autogobierno catalán. Algún lumbreras -me temo que a miles de kilómetros de distancia- ha decidido que, para demostrar que es insuficiente, hay que hacerlo inoperante. Es su primer éxito de la legislatura, lo que no augura nada bueno. Catalunya ya no espera a su Gobierno, ya no se trata de ser más o menos influyente en Madrid o de desplegar una diplomacia paralela, se trata de diluirse en su propia madeja, tejida con frases tan rimbombantes como vacías de contenido: Consell per la República, estado mayor del procés o nuevo embate democrático. Independentistas y no independentistas hablan cada día de vacunas, ertes, fondos europeos, etc. Una cosa no excluye la otra, pero algunos solo quieren hablar de lo primero, y lo segundo se lo regalan a otros.