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“Ya hemos pasao”

¿Es Ayuso Celia Gámez? La diferencia es que la derecha ya gobierna Madrid desde hace tiempo

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Isabel Díaz Ayuso.

Isabel Díaz Ayuso.

En enero creímos, ingenuos, que tras las catalanas de febrero entraríamos en un oasis sin elecciones y gozaríamos de cierta pausa. Ahora, mediados de abril, resulta no solo que las elecciones catalanas no han resuelto nada porque los independentistas (pese a la victoria de Illa) conservan la mayoría y no saben responder la pregunta del libro de Lenín de 1903 –¿qué hacer? –, sino que se ha abierto una dura campaña electoral en Madrid que multiplica la crispación y durará hasta el 4 de mayo. Y puede –puede– que el 26 de ese mismo mes empiece una segunda campaña catalana. ¿El maldito cuento de nunca acabar?

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Seamos serios. España no está paralizada y se acaban de aprobar dos leyes relevantes, la del cambio climático y la de protección al menor. Con bastante consenso. Pero lo mínimo que se puede decir es que el árbol –la crispación y la sensación de hartazgo– no nos deja ver el bosque. Y no sabemos si el bosque existe.

Dos casos indican que la crispación de las elecciones de Madrid manda todo. El primero, el pleno del Congreso del miércoles. Un superexcitado Pablo Casado –transmitía nerviosismo– atacó al Gobierno pero gritó más contra Pedro Sanchez para acabar pidiendo que se vacunaran juntos. Y Santiago Abascal, con un adoquín en la mano para destruir al demonio Marlaska, recurrió como argumento de autoridad a una entrevista de Largo Caballero de 1936 en la que abogaba por la dictadura del proletariado. ¡Sánchez es Largo Caballero, a mí la Legión!

Cierto, Inés Arrimadas hizo de implacable e inteligente jefa de la oposición de derechas. Pero no lo es. Y Aitor Esteban aportó –como casi siempre– la cuota racional del PNV. ¿Por qué Sánchez no se abre a negociar una posible prórroga del estado de alarma?

Puede haber problemas

Decir que no será necesario por la vacunación está bien. ¡Ojalá! Pero, ¿y si no fuera así? Sánchez sabe que Casado no tiene autoridad moral porque en el pasado, y en pocas semanas, votó el estado de alarma, se abstuvo y votó en contra. Pero el 9 de mayo acaba el periodo y puede haber problemas. Sánchez no los quiere abordar –ni concretar las reformas del plan de recuperación que debe enviar a Bruselas– para no generar polémica ni mostrar diferencias en su coalición antes del 4-M. Y contento con su capacidad de réplica –que no lo es tanto de convicción– prefiere despejar la pelota. Quizá ignora que así hace más de propagandista que de gobernante.

Lo dijo Arrimadas: “La propaganda no llena las despensas de los españoles”.  ¿Iría España mejor si Arrimadas fuera jefa de la oposición? No lo sé. Sánchez tendría más trabajo y, eso sí, la hostilidad ambiente sería menos tóxica.

Otro caso, el Tribunal Constitucional se ha partido en dos por algo muy simple: ¿Puede Toni Cantó, referente de no se qué, estar en las listas electorales de Madrid, pese a no estar inscrito en el censo de la Comunidad? ¡Terrible!

Un gran disparate

Parece que hasta el destino de Afganistán dependa ahora de unas elecciones regionales en Madrid. Y a ello ha ayudado Sánchez al erigirse en la alternativa a Ayuso –lo que la presidenta madrileña quería– y tapar al candidato Gabilondo. En el fondo, Madrid es solo una elección parcial. Y en las parciales se tiende a votar contra el Gobierno. Sus partidarios se movilizarán poco porque, pase lo que pase, Sánchez seguirá en Moncloa. La derecha verá la oportunidad de un día de gloria humillándole, y los “tibios” acariciarán la tentación de darle una patadita a bajo precio. La Puerta del Sol no es La Moncloa. ¿Sabe Iván Redondo que tapar a Gabilondo y lanzar a Sánchez contra Ayuso ha sido un gran disparate? 

Ayuso puede ganar de largo. Aún faltan días, pero la encuesta de EL PERIÓDICO dice que casi doblará sus votos al pasar del 22% al 39%. Pero se quedará en 57 escaños, lejos de la mayoría de 69, y necesitará a Vox para gobernar. Será presidenta, pero ya lo era. Y en vez de estar embarazada de Cs lo estará de Santiago Abascal. ¿Buen negocio?

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Quizá, al final, Isabel Ayuso sea una Esperanza Aguirre crecidita y Pablo Casado y Pedro Sánchez habrán perdido –ambos– alguna pluma en una batalla que no tocaba.

Acabada la guerra, Celia Gámez triunfó con aquel “Ya hemos pasao” que contestaba al “No pasarán”. Pero ha llovido mucho y, además, la derecha gobierna Madrid desde hace años.