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Faltaron republicanos

Los politicos del Gobierno del 31 fallaron al no saber mantener su complicidad

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Negrín, Azaña, Miaja y el Campesino pasan revista a las tropas en Alcalá de Henares.

Negrín, Azaña, Miaja y el Campesino pasan revista a las tropas en Alcalá de Henares. / FUNDACIÓN JUAN NEGRÍN

Este miércoles hace 90 años de la proclamación de la Segunda República, un régimen que hizo bandera de la libertad y en cuya Constitución se decía que España era una democracia de trabajadores de todas clases. Pero aquello acabó con el golpe militar de una parte del Ejército y una larga y desastrosa guerra civil. Luego, Franco.

¿Por qué acabó tan mal un régimen que tantas esperanzas había generado? Evidentemente, por el golpe de una parte del Ejército con el apoyo de los medios monárquicos y reaccionarios. También por la crisis económica de 1929, que agudizó los conflictos sociales y que en Alemania contribuyó a la victoria de Hitler en las elecciones legislativas de 1933. Y el nazismo lo revolucionó todo y empezó a convertir a toda Europa en un polvorín.  

Pero si la República se hubiera normalizado, no habría fracasado, como la Tercera República francesa, que duró 70 años (1870-1940) y sobrevivió al general Boulanger, al 'affaire Dreyfus' y a la Primera Guerra Mundial. La República no logró estabilizarse por la muy fuerte polarización política que con gran rapidez dominó la vida ciudadana. Y los partidos republicanos – los del pacto de San Sebastián que luego formaron el Gobierno provisional- tienen mucha culpa. En poco tiempo la entente entre la Derecha Republicana de Alcalá Zamora, el histórico Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y la nueva Acción Republicana de Manuel Azaña (luego Izquierda Republicana), se transformó en fuerte hostilidad. Los republicanos de 1931 no solo agudizaron sus divisiones, sino que sus continuas peleas impidieron la consolidación del régimen. 

Alcalá Zamora, elegido primer presidente de la República, no fue una figura integradora. El partido radical de Lerroux fracasó en su intento de ser una pista de aterrizaje para los que deseaban una república liberal y burguesa y los republicanos de izquierdas de Azaña optaron por la alianza inestable con los socialistas del PSOE, muy divididos entre el ala moderada de Indalecio Prieto y la radicalizada de Largo Caballero.

Este miércoles hace 90 años de la proclamación de la Segunda República que generó grandes esperanzas pero que acabó mal

Los republicanos no supieron tejer entre ellos una adecuada complicidad que normalizara el régimen, supiera atraer o neutralizar a la antigua derecha y fuera una eficaz barrera frente a los extremismos. Al contrario, las elecciones de 1933 -que la izquierda perdió- ya vieron la ruptura entre los radicales de Lerroux (y Clara Campoamor) y los republicanos de Azaña. Y la entrada de tres ministros de la CEDA de Gil Robles (derecha católica, pero no aún democristiana) en el Gobierno radical provocó la rebelión de la izquierda, materializada en la revolución de Asturias y la muy efímera republica catalana (en la federación ibérica) de Companys.

La CEDA, Confederación Española de Derechas Autonómas, que surgió como reacción conservadora al cambio, no quiso integrarse -tampoco la dejaron- en la República, y el partido radical, que intentó normalizar (y derechizar) al régimen, no lo logró y acabo escindido entre un Lerroux (desprestigiado) y Diego Martínez Barrio, luego presidente de la República en el exilio, que se integró con Azaña en el Frente Popular.

Las elecciones de febrero de 1936 elevaron al máximo la polarización entre los dos frentes (el nacional y el popular) y fueron seguidas de la destitución, muy discutida y seguramente inconveniente, de Alcalá Zamora como presidente de la República y su sustitución por Manuel Azaña, quizá el único republicano que habría podido aguantar el Gobierno en un Frente Popular de republicanos y socialistas que tenía el doble hándicap de la debilidad republicana y la radicalización de una relevante fracción del socialismo (los caballeristas).

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