soterramiento prometido

Vías barreras, vías frontera

La barrera física que representa la infraestructura se ha convertido en una auténtica barrera social y mental

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Un tren circula por la cicatriz de L’Hospitalet de Llobregat, ciudad partida en dos por el ferrocarril

Un tren circula por la cicatriz de L’Hospitalet de Llobregat, ciudad partida en dos por el ferrocarril / FERRAN NADEU

Nadie en L’Hospitalet se acaba de creer que soterrarán las vías. Hemos perdido la cuenta de las veces que se ha anunciado. Esas vías que conectan media Catalunya partieron la ciudad en dos y desconectaron barrios vecinos, y eso ha condicionado nuestra movilidad y nuestra vida durante décadas. No es que los del norte siempre salgan por la Ronda de Dalt, y los sur por la Ronda Litoral. Es que llevamos 20 años de promesas y en estos 20 años la ciudad ha cambiado mucho. Tanto que la barrera física se ha convertido en una auténtica barrera social y mental, y ahora la vía divide la ciudad con suerte, de la ciudad sin suerte.

A los que vivimos cerca de las vías, o al menos a una distancia razonable, lo que menos nos molesta son los trenes. Los tenemos integrados. Lo que nos molesta es lo que molesta de todas las zonas de frontera. Todos esos túneles y puentes y márgenes y rincones que siempre son sucios y oscuros, y siempre concentran toda la miseria y los conflictos. Y lo que más nos molesta es sentir que subimos o bajamos de clase social con solo cruzar las vías. Dicen desde el Ayuntamiento (que por algo está en el lado bueno) que no es para tanto. Pero en la zona sur la renta per cápita anual puede llegar a los 15.600 euros, y en la zona norte hay hogares donde solo entran 6.500 euros al año. Es la diferencia entre cobrar 1.300 euros al mes, o 600. Entre poder pagar el alquiler y la comida. O no poder hacerlo.

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A tocar de la vía, por su lado sur, están construyendo un nuevo edificio. Por el color de piel de los trabajadores ya se intuye que nunca vivirán en él. Por eso y porque cuelgan unos grandes carteles que anuncian que tendrá piscina, gimnasio equipado y sala de cine. Desde el otro lado de la vía los niños del Club Deportivo Collblanc-Torrasa miran como avanza la obra. Ellos entrenan en uno de los barrios con más densidad de población de Europa y allí no hay cine, ni polideportivo, ni piscina. Va a hacer falta mucho más que un soterramiento para coser esta ciudad.