Libros y etiquetas

Prejuicios

Quizá deberíamos empezar a hacerlas pedazos y simplemente dejarnos llevar, leer lo que sea, de quien sea, del género que sea

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La librería Taifa de Barcelona, el pasado noviembre.

La librería Taifa de Barcelona, el pasado noviembre. / SERGI CONESA

“No me gusta la ciencia ficción”. “No soy mucho de cuentos”. “La poesía no me dice nada”. “¿Ensayo? Uf, qué aburrido”. Tan diversos que nos creemos y cuántos prejuicios literarios tenemos aún. Como en un gran armario lleno de cajones, vamos catalogando y separando las obras según la etiqueta que creemos más conveniente, y creemos que así aportamos diversidad y riqueza a la literatura, pero ¿hasta qué punto las etiquetas no son una excusa para compartimentarnos, para no salir los cajones donde nos sentimos más cómodos?

Pablo Herrán de Viu ha sacado hace poco 'Mientras pudimos', su segunda novela, una exploración tiernísima de su relación de amistad con una dramaturga en Nueva York. “Mucha gente me dice que es literatura gay, pero quiero pensar que no se queda en la etiqueta”. ¿Hasta qué punto las etiquetas que utilizamos no son más que una excusa para decir “esto no lo voy a leer”?

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Hace unos días salió 'Googol,' de Josep Lluís Badal, un libro supuestamente infantil que rehúye todo tipo de etiquetas, como su protagonista huye de las preguntas de los demás porque quiere “encontrar el lugar donde nadie te pregunta nada ni espera de ti que hagas nada especial”. Es como si un cierto tipo de literatura fuera el equivalente del hombre blanco heterosexual: aceptado y celebrado, relega todo lo demás al margen. Quizá deberíamos empezar a hacerlas pedazos y simplemente dejarnos llevar, leer lo que sea, de quien sea, del género que sea, porque nos puede gustar tanto 'En busca del tiempo perdido' como 'Juego de tronos'. Porque del mismo modo que no deberíamos juzgar a nadie por su nombre, sexo u orientación sexual, no deberíamos juzgar los libros por sus etiquetas. Al contrario, saltemos de cajón en cajón, visitémoslos todos, incluso aquellos que nos resulten más incómodos (no: especialmente esos), y veremos que la literatura está en todas partes, y que llegar sólo depende de nosotros.

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