Alma 'trumpista'

Lo que pasa en Madrid no se queda en Madrid

Isabel Díaz Ayuso enfoca su campaña desde una perspectiva nacional, no autonómica

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Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante una rueda de prensa.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante una rueda de prensa. / José Luis Roca

Es campaña en Madrid y lo saben hasta en el pueblo más remoto, quizá porque había algo de verdad en aquello de que Madrid era España dentro de España. Madrid irradia. Isabel Díaz Ayuso ha convertido la ciudad en una idea -primera escala hasta volverla una ideología- y enfoca su campaña desde una perspectiva nacional, no autonómica. La prueba es que empezó en Murcia. Es natural: Díaz Ayuso es lo que critica en los demás, nacionalista y polarizadora. Sobre esos dos ejes edifica su discurso la presidenta y sobre ellos ha puesto a rueda a Pablo Casado. Patria y libertad. Lo iremos viendo según se acerquen las elecciones: más banderas y menos impuestos.

Lo que Ayuso es y lo que Ayuso dice también lo saben en los pueblos más remotos. En eso, nadie puede sentirse engañado. Y, en vista de las encuestas, habría que concluir que lo que Ayuso es y lo que Ayuso dice coincide con lo que está pidiendo mucha gente. Cuestionando los confinamientos que los demás aplican, contraviniendo las recomendaciones de los expertos, presentándose como una víctima de las medidas que rigen para todos, la presidenta de Madrid ha desintegrado a sus socios de Ciudadanos, parece contener el auge que Vox experimenta en otros feudos y dobla las expectativas de voto de acuerdo con los sondeos. Si el PP tiene en la actualidad 30 escaños en la Asamblea de Vallecas, varias encuestas lo dejan al borde de los 60 para los comicios del próximo 4 de mayo.

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La mayoría de los votantes se exclama al ver las fiestas sin control en el centro de Madrid y la mayoría de los votantes optaría en las urnas por Díaz Ayuso. Ha construido el dilema ‘economía o sanidad’ y se ha arrogado la defensa de los hosteleros y los pequeños negocios como si los demás dirigentes, también los de su partido, fuesen hijos de Marx. Es una lógica binaria y sin matices: o están conmigo o contra mí. Se entienden las críticas a ese discurso de alma trumpista que enciende la crispación, pero la pregunta es qué vacío han ido a llenar los aires que Ayuso ha instalado en la capital a manera de prólogo, o por lo menos ensayo, de lo que el PP, en competición con VOX, puede pretender para todo el país.

Es campaña en Madrid, en fin, y todo el mundo lo sabe, porque dicen que los periodistas no hablamos de otra cosa, igual que nos pasaba con el 'procés'. Es verdad. Damos la matraca con Madrid y no todo es Madrid, que hay otros sitios. Y además Madrid no es sólo lo que queda dentro de la M30. Sabemos que ni todo es Madrid ni todo Madrid está en torno a la Puerta del Sol, pero tampoco habría que confundirse ni pensar que esa batalla de frases provocadoras no tiene interés ni consecuencias. Porque las tiene.

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La campaña de Madrid irradia. Es una confrontación ideológica que va de impuestos y, por tanto, de igualdad. Va sobre qué discursos se implantan y si se extiende la falsa dicotomía entre economía y sanidad. No va esta campaña de la reforma de una plaza, sino que tiene que ver con la capacidad de la izquierda para unirse o para autodestruirse, con el futuro de los partidos que se llamen de centro, con el éxito de la polarización y, especialmente, con la línea roja que trace el PP, si es que da el paso de permitir a la extrema derecha que entre en sus gobiernos. 

Hablamos mucho de Madrid. Tienen razón. Y los medios hay que airearlos con nuevas prioridades, aunque cada vez que nos piden que hablemos “de los problemas reales de la gente” conviene aclarar que la campaña, con su hojarasca y sus promesas vacías, trata también de eso, de los problemas reales.