Negociaciones para la investidura

Humillaciones e imposiciones con un país al fondo

ERC y JXCat luchan por maniatarse mutuamente, mientras fuera de la burbuja política, un país entero intenta sobreponerse a una pandemia

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Pere Aragonès, en el Parlament.

Pere Aragonès, en el Parlament. / EFE / Enric Fontcuberta

La XIIIª legislatura catalana va camino de convertirse en un estrepitoso gatillazo. La profecía no es tal, es una constatación y nada tiene que ver con que la investidura de Pere Aragonès salga adelante el próximo martes, en las próximas semanas o que se estrelle definitivamente y, una vez agotado el plazo de 60 días, se nos convoque de nuevo a las urnas.

Nada bueno puede salir de un Ejecutivo parido con los fórceps de la vejación mutua entre los que deberían acabar siendo sus integrantes. Y eso es lo que está siendo la no negociación entre ERC y JXCat: un capítulo de humillaciones e imposiciones con un país al fondo que se dejó el 11,4% del PIB en 2020 a causa de la COVID-19.

ERC no ha actuado con la inocencia pueril de un niño con dientes de leche poniendo a JXCAT el último en la lista de sus negociaciones. Al contrario, los de Junqueras sacaron los colmillos el primer día para morder la yugular de los junteros. Que Pere Aragonès derrotara a Carles Puigdemont en las urnas se interpretó como la carta blanca que no era. La humillación final fue presentar el acuerdo con la CUP sin haber avanzado apenas con JxCat. Junqueras y Aragonès se sentaron en la mesa a comer en orden inverso. Pidieron el postre y cuando preguntaron por los segundos y los primeros los chefs Carles Puigdemont y Jordi Sánchez les dijeron que la cocina estaba cerrada. Así que de momento siguen con un hambre canina.

De bofetones y puñetazos

JxCat había recibido un bofetón y se revolvió con puñetazos. Pere Aragonès humillado en el debate de investidura y condiciones de negociación inasumibles para ERC. El candidato republicano despertó del sueño de la victoria con una cabeza de caballo entre las sabanas y una notita manuscrita enviada desde Waterloo: no me habéis ganado, hemos empatado. No soy un cadáver político en clave interna como pretendéis y no llevareis el país más a la izquierda de lo que ya lo está sin nuestro permiso. Y si no queréis nuestra compañía, adelante, atreveos con otras mayorías. Os crucificaremos desde la oposición y en unos meses seréis solo ceniza para los votantes independentistas. 

A la vista está que más que futuros socios parecen púgiles de boxeo sin guantes, del que salpica la sangre a los espectadores de las primeras filas. A las viejas heridas aún por cicatrizarse suman otras nuevas. Así que, por fijar expectativas razonables, a lo máximo que pueden aspirar es a reeditar una pequeña guerra fría de andar por casa. 

El tiempo en política lo es todo y sigue habiéndolo para llegar a esta componenda. A las cuestiones de gran postín -Consell de la República, fecha de caducidad de la negociación con el gobierno central si no da resultados, etc.- se suman otras que hacen menos ruido pero que son decisivas para la negociación. Es el caso, por ejemplo, de quién manejaría en este hipotético gobierno la parte autonómica de los fondos de recuperación asignados por la UE.

Equilibrios de ERC

ERC no va a rendirse. La oportunidad de abandonar su papel de subalternos es ahora y no quieren dejarla pasar. Pero debe medirse con extremo cuidado porque cualquier movimiento con JxCat puede provocar que trastabille su acuerdo con la CUP.

En JxCat, utilizando el registro coloquial, van fuertes. Manifiestan abiertamente su predisposición a quedarse fuera del gobierno si no se cede ante sus exigencias, facilitando incluso que Pere Aragonès sea presidente pero sin contar con ellos en el ejecutivo. Así que la prisa para los de ERC, reiteran. Consideran, además, que de manera inminente el Estado dará nuevos argumentos que reforzarán su estrategia de confrontación sin treguas ni dilaciones y que el discurso contemporizador de ERC quedará por enésima vez desacreditado por la realidad. 

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Les vale como ejemplo que el Tribunal de Cuentas, acabados los trabajos de fiscalización de las políticas de acción exterior de la Generalitat y cuyo informe definitivo ya obra en manos del Govern, volverá de manera inminente a la carga, exigiendo nuevas fianzas millonarias a responsables políticos independentistas en activo y también jubilados. JxCat ha trasladado a las negociaciones la necesidad de pactar la estrategia de respuesta a esta cuestión para cuando se concrete el nombre de los afectados y se materialice el importe de las fianzas, que se prevén bastante superiores a las decretadas por el mismo tribunal por los gastos del 9-N (5,2 millones) o el 1-O (4,1 millones). Este asunto podría cruzarse con las negociaciones en las próximas semanas si la investidura no se resuelve el martes.

Aun así, la lógica de los tribunales -ensañamiento en algunos casos- para nada altera lo sustantivo: el empeño eterno de ERC y JXCat de maniatarse uno al otro. Todo el lodazal viene de este mal. Mientras tanto, fuera de la burbuja política, un país entero intenta sobreponerse a una pandemia y a una crisis económica que ha llevado la carestía hasta las puertas de muchos hogares.