TRIBUNALES EUROPEOS

Euforia efímera, disgusto nimio

Los más exagerados profetizan que una tal aberración significa el fin del sueño del pequeño continente convertido en gran refugio de los valores humanos

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Antoni Comin, Carles Puigdemont y Clara Ponsatí, en rueda de prensa en Bruselas.

Antoni Comin, Carles Puigdemont y Clara Ponsatí, en rueda de prensa en Bruselas. / EFE / STEPHANIE LECOCQ

Cuando unos maximizan y los otros minimizan un hecho, es probable que su valor real se encuentre más bien a medio camino. A un lado del litigio, la votación favorable a España en la Eurocámara es mucho más que un respiro, una inmensa bocanada de aire fresco, sobre todo después de tantos disgustos. Se equivocan quienes lo interpretan como un cambio de rasante y como un indicador incuestionable de que Europa da la razón a la democracia española y a su impecable sistema judicial. En medio de tanto unánime entusiasmo, apuntar siquiera la posibilidad de que en el futuro los tribunales europeos proporcionen nuevos disgustos y los tres eurodiputados prosigan en el Parlamento como si nada podría ser considerado como alta traición.

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Según el lado independentista, en cambio, se trata de un pequeño tropiezo que sólo evidencia el escaso temple moral de Europa. Los más exagerados profetizan que una tal aberración significa el fin del sueño del pequeño continente convertido en gran refugio de los valores humanos, como si semejante ensueño no se hubiera acabado tantas veces como ha convenido, por ejemplo con la crisis de los refugiados y la éticamente ignominiosa aceptación del chantaje turco.

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No es necesario haber ido de Bruselas a Estrasburgo como una lanzadera, y ni siquiera haber visto la mediocre serie intitulada 'Parliament' (Filmin), para comprender que la Eurocámara es el gran reino de la transacción. En este mercado, cuando los parlamentarios de un país, y más si no es pequeño, se ponen de acuerdo para conseguir algo que no perjudica a los demás, el resultado está cantado.

Volvamos al tablero local. A un lado y al otra se cumple el mismo paradigma: los derrotados no necesitan demasiadas caramelos para endulzar su situación hasta tocar el cielo con los dientes. Claro que la derrota del independentismo no lo es menos porque se niegue la extradición de sus líderes exiliados en diferentes países. Del mismo modo pero a una escala mucho menor, no parece que la victoria política de la votación de ayer vaya cambiar la línea de los tribunales que ya se han pronunciado.

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