El tablero catalán

Un día a babor y al siguiente a estribor

Sigue habiendo tres manos sobre el timón, las de ERC, JxCat y la CUP, con lo que continúa siendo imposible fijar rumbo alguno

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Pere Aragonès.

Pere Aragonès. / Captura video EFE

Habrá que estar atento a la evolución del trastorno de personalidad disociada que amenaza al nuevo Govern si las negociaciones entre ERC, JxCat y la CUP llegan a puerto. Hasta cinco o seis personalidades diferentes pueden manifestarse en un individuo que sufra esta patología. De momento contamos dos, que ya se muestran ostensiblemente en Pere Aragonès, el actual ‘president’ en funciones que podrá serlo con todas las atribuciones cuando acabe el sainete de las conversaciones entre el tripartito –de facto– soberanista.

El líder republicano llevaba tres años trabajando como vicepresidente la imagen de la moderación fetén. Desde la Conselleria d’Economia se apuntalaba en todas las reuniones, de manera menos ostentosa en público, el balanceado que se quería perfecto entre el izquierdismo de su partido y el posibilismo de la economía mixta de mercado, por un lado; y la máxima ambición soberanista combinada con el pragmatismo legalista de la nueva hoja de ruta independentista de ERC, por el otro.

El retrato de Aragonès se acababa de perfilar por oposición a JxCat. La mesura y el realismo están de nuestra parte mientras JxCat sigue en el monte, venían a decir los republicanos. Pero llegaron las elecciones y el premio a tanta moderación y realismo no se materializó. Los comicios los ganó el PSC y JxCat quedó demasiado cerca de los republicanos para que Aragonès pasase automáticamente a estar habilitado para manejar el barco del futuro Govern a su manera, según lo planeado. Como homenaje a Artur Mas, que tanto abusó de las metáforas marineras en sus mandatos, diremos que sigue habiendo tres manos sobre el timón (Esquerra, JxCat y CUP), con lo que continúa siendo imposible fijar rumbo alguno. Un día a babor y al siguiente a estribor.

Cumplir con las obligaciones institucionales

De ahí el trastorno de personalidad disociada del ‘president’ en funciones, que tan pronto tarda una semana en condenar de manera explícita el vandalismo como pasado ese tiempo corre a maldecir inequívocamente la violencia. O se entreabre la puerta a que haya representación del Govern en el acto del 70º aniversario de Seat, en el que se anunciaba la próxima fabricación de coches eléctricos en Martorell, como al final se planta sonoramente, no a Felipe VI, sino al presidente de Volkswagen, Herbert Diess, y también –es lo más importante– al inmenso número de personas que, de un modo u otro, tienen ligado su presente y su futuro al de la planta de Martorell del grupo automovilístico.

La importancia política de acudir a actos de estas características no radica en que la futura inversión vaya a depender de estar o no presente, sino en algo tan sencillo como cumplir con las obligaciones institucionales. Cuando ha de anunciarse una inversión tan relevante para un territorio quien lo representa está ahí para decir, aunque sea solo con la asistencia, que quienes van a hacerla son bienvenidos. Es una obligación y hay que cumplirla.

La política catalana da para mucha broma. Es una verdadera lástima que por el contrario la situación sea tan seria.

Añadamos que el hecho de que el plantón llegase un día después del acto en el que 300 entidades empresariales y económicas lideradas por Foment del Treball presentaran en la Estació del Nord de Barcelona el manifiesto '¡Basta ya! Centrémonos en la recuperación' es una bella metáfora de lo absurdo. Uno puede imaginarse a Aragonès diciéndole al presidente de Foment y al resto de firmantes algo así como «no me chilles que no te veo». La política catalana da para mucha broma. Es una verdadera lástima que por el contrario la situación sea tan seria.

Puede pensarse que todo esto es temporal. Y que el liderazgo hercúleo de Aragonès asomará cuando las negociaciones acaben, sea investido presidente y pueda empezar a gobernar. Entonces, se dirá, ya no estará obligado a hacer y pensar una cosa y la contraria, se soltará y reconoceremos a quien durante tres años enteros estuvo pintando a los ojos del mundo el autorretrato titulado sentido común. Es una posibilidad ciertamente remota.

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Lejos como estamos aún de la formación de un Ejecutivo –nos dijeron que iría rápido pero el Parlament no se constituirá hasta el último día legal para hacerlo y después tocará negociar Govern e investidura– no pueden hacerse afirmaciones severas.

Pero si damos por bueno que el periodo de negociación da siempre señales para anticipar el cómo y el qué de una nueva legislatura es razonable apostar a que esta va a ser muy similar a la anterior: múltiples personalidades ejerciendo cada una un bloqueo sobre la otra para que al final nadie, tampoco Catalunya, se muevan de sitio.