Los disturbios en Catalunya

Agradecimiento al trabajo de los Mossos en estos momentos difíciles

Convertir a la policía de la Generalitat en el foco del problema cuando hay violencia no es admisible

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Mossos d´Esquadra y manifestantes se enfrentan en el centro de la ciudad de Barcelona.

Mossos d´Esquadra y manifestantes se enfrentan en el centro de la ciudad de Barcelona. / Toni Albir / Efe

El diario que el lector ahora lee informó el 2 de diciembre de 1994 que los Mossos ya eran la única policía de Osona. El día antes se había inaugurado la primera comisaría de la policía de la Generalitat en Vic. La ‘consellera’ de Gobernació’ de la Generalitat de entonces, Maria Eugenia Cuenca, calificó el evento de hecho histórico: 91 Mossos, 5 sargentos, 23 cabos y 63 agentes habían llegado a la capital de Osona. El director general de seguridad ciudadana, Xavier Pomés, informó que había comenzado el intercambio de información "para que los Mossos hagan también de policía judicial". No podía ser de otro modo, si se quería un cuerpo policial que contara con todas las funciones.

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Las noches de violencia en diferentes ciudades catalanas estos últimos días tuvieron como primer gran impacto negativo el ataque y destrucción de la comisaría de Vic, que se produjo con grave peligro de la integridad física de diferentes agentes del cuerpo policial de la Generalitat.

Objetivos compartidos

La falta de contundencia o el silencio en la condena de los acontecimientos vividos en la calle han ayudado poco. Tampoco lo ha hecho que las negociaciones sobre un hipotético apoyo de la CUP a ERC hayan puesto un interrogante sobre el funcionamiento del cuerpo de los Mossos en un momento como este. Es necesario recuperar una política que tenga como objetivos cuestiones prioritarias que compartimos la inmensa mayoría de grupos parlamentarios democráticos, especialmente los que tenemos menos en común. Estos últimos años ha habido demasiadas acusaciones políticas que se han convertido en muestras de violencia verbal y física en el día a día en Catalunya y en algunos estallidos explosivos periódicos. Convertir a la policía de la Generalitat en el foco del problema cuando hay violencia no es admisible. Tampoco lo es hablar de los motivos, porque no hay ningún motivo que pueda justificar la violencia.

Es lícito reclamar el respeto a las leyes que protegen los derechos de todos. Y añadir que poner en cuestión a los Mossos en un momento en que han sido la barrera ante la violencia, incluso de elementos venidos de toda Europa, no es una política seria.

Una propuesta clara

En 1994, el Gobierno de CiU anunciaba con orgullo tener una policía catalana con funciones de policía judicial. Los Mossos tienen el deber profesional de garantizar la seguridad. ¿Cómo se puede dudar de los técnicos de la Generalitat que tienen una función concreta en seguridad y que tienen un modelo que ha sido construido por los que hoy los critican?

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Si se ha de abrir el debate sobre el modelo en estas condiciones para los Mossos que sea, como mínimo, con una propuesta clara para fortalecerlos en la calle en una situación tan difícil como la que viven. Y, si no han de actuar en ocupaciones, que expliquen de qué manera seguirán siendo una "policía judicial", hecho clave para tener una policía catalana completa.

Los diferentes partidos políticos que construyeron Catalunya durante los primeros 30 años de democracia, entre los que el PSC tuvo un papel destacado, siempre habían considerado que uno de los primeros compromisos conjuntos del Parlament debía ser la seguridad. Catalunya, como proyecto común, tenía que defender este compromiso mutuo entre las diferentes fuerzas políticas. Sería muy conveniente que en este mandato, este antiguo compromiso patriótico fuera respetado. Quisiera agradecer el trabajo de los Mossos en estos momentos difíciles.