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Abascal y Garriga, durante la noche electoral.

Abascal y Garriga, durante la noche electoral. / JORDI PUIG (REUTERS)

Releo, en un día muy triste, las ‘Instrucciones para convertirse en fascista’, el texto que Michela Murgia escribió como un alegato irónico y devastador contra la pervivencia del fascismo. "Es como un herpes que puede resistir durante décadas en el meollo de la democracia dando a entender que ha desaparecido". Pero vuelve, cuando la democracia es débil, cuando "el lenguaje fascista es aceptado socialmente en todos los discursos".

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Es lo que ha pasado. Hace años que su sombra sobrevuela nuestras calles y también el sistema parlamentario, con carta de navegación admitida y certificada y con más o menos maquillaje institucional y mediático, pero ahora la serpiente ya ha salido del huevo y está en el Parlament. "Sin euforia; hemos ganado una batalla, pero no es una victoria", dijo el candidato Garriga. Y luego recuperó el chotis de Celia Gámez (1939) y rehízo aquel franquista "Ya hemos ‘pasao’, decimos los facciosos", con un inquietante "y pasaremos" que incluía un futuro tenebroso: "el desalojo (de los independentistas) de todas las instituciones". Tiene muchas lecturas, la irrupción de la extrema derecha, y un solo mandamiento político: no son adversarios, son enemigos.