Opinión | La cita con las urnas
Presidente del Consejo Económico y Social de España (CES)
Antón Costas
¡Catalanes, a las cosas, a las cosas!
Ya sea en estas o en las siguientes elecciones, aunque sea solo por cansancio, acabaremos volviendo a la política de las cosas

SOCIEDAD 10 02 2021 POLITICA LLEGADA DE URNAS AL MERCADO DEL NINOT FOTO LAURA GUERRERO / Laura Guerrero
Las elecciones catalanas de este domingo tienen la posibilidad de poner fin a una década perdida para la mejora de los servicios públicos, el bienestar y las condiciones de vida de muchos catalanes. Una década perdida a la que la pandemia de covid ha venido a poner un colofón dramático.
El abandono de la política de las cosas por la política simbólica en la última década ha tenido el daño colateral de aumentar la desigualdad y los niveles de pobreza en Catalunya de una manera alarmante. En particular, la pobreza de medios de vida que sufren muchas personas y familias. Durante la última década, Catalunya ha descendido en todos los ‘rankings’ de las comunidades autónomas que miden la calidad de los servicios públicos, las desigualdades de los hogares y las oportunidades de las personas. En particular, las oportunidades de los niños y los jóvenes. Catalunya aparece en esos ‘rankings’ con un nivel de desigualdad mayor del que corresponde a su nivel de riqueza. Estos datos son tozudos. No admiten dobles lecturas. Las cosas han empeorado para los segmentos de población que ya partían de una situación de necesidad.
El peso de la industria
Catalunya también ha descendido en el ‘ranking’ que mide el PIB per cápita. Pero en este campo, la causa no ha sido directamente el ‘procés’, sino la pérdida de peso de la industria frente a los servicios en el conjunto de la economía. Dado que la economía catalana es más industrial que la de Madrid, ese cambio ha perjudicado su posición en el ‘ranking’. Descontado ese efecto composición, Catalunya y en particular Barcelona siguen teniendo un fuerte dinamismo empresarial e innovador. Lo manifiesta, entre otros, el hecho de que la demanda de oficinas es, en términos relativos, mayor en Barcelona que en Madrid o París. Pero, si en vez de hablar de PIB o de dinamismo empresarial nos interesamos por el poder económico, en este ‘ranking’ Catalunya también ha perdido posiciones.
Lo que sí han desaparecido estos 10 años son todos los instrumentos y espacios de relación y colaboración entre el tejido empresarial, emprendedor e investigador y la Administración catalana. El resultado es que el Govern no es ya para estos sectores un instrumento con capacidad de mediación y de negociación con otras instancias y poderes: políticos, parlamentarios, económicos y financieros, tanto nacionales como europeos e internacionales.
La independencia, un imposible
Pero si por un lado la política simbólica ha perjudicado las oportunidades de muchos catalanes y la capacidad de mediación empresarial, por otro tampoco ha logrado el objetivo que aparentemente perseguía: la independencia. No es extraño que haya sido así. Tengo para mí que la mayor parte de los dirigentes políticos del ‘procés’ sabían que la independencia unilateral era un imposible social y político.
Entonces, si el objetivo real de la política simbólica no era la independencia, ¿cuál era? En mi opinión, el mantenimiento del poder político. Unos para conservarlo, otros para acceder a él sin tener que compartirlo. Naturalmente, este objetivo de los dirigentes políticos es compatible con el hecho de que muchos catalanes deseen realmente la independencia. De ahí que se sientan defraudados.
Continuidad en el poder
Siguiendo esta línea de razonamiento, el pacto de honor firmado por los partidos independentistas esta semana para comprometerse a que ninguno de ellos pactará con el PSC de Salvador Illa no es, a mi juicio, para continuar el camino de la independencia, sino para asegurarse la continuidad en el poder. No lo digo como una denuncia, sino como constatación de un hecho.
Así las cosas, el panorama parece cansino y deprimente. Pero me gustaría pensar que a partir del domingo haremos caso a la invitación que el filósofo José Ortega y Gasset hizo en su ‘Meditación del pueblo joven’: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas!”. Y aunque es muy posible que esté confundiendo deseos con realidades, observo que hasta los partidos más unilateralistas se esfuerzan en convencernos de su capacidad para gestionar. Ya sea en estas o en las siguientes elecciones, estoy convencido que, aunque sea solo por cansancio, acabaremos volviendo a la política de las cosas.
Suscríbete para seguir leyendo
- Moncloa defiende la concesión de la nacionalidad española a los hermanos venezolanos que pagaron un millón a Zapatero
- Un avión de Air India cae casi 90 metros en pleno vuelo, deja 24 heridos y el comandante da positivo por marihuana
- Maribel y Vicente llevan más de 5 años viviendo en 10 m² sin pagar facturas: 'Hemos dado el 100% durante toda nuestra vida, tanto a nuestros padres como a los hijos. Ahora es nuestro momento
- La UDEF rastrea el pago de 300.000 euros de un accionista de Plus Ultra al testaferro de Zapatero
- Terremoto hoy en Granada: última hora en directo
- Carmen Balfagón desmiente que Rodolfo Sancho haya sido detenido en México tras una redada policial: 'Víctima de la IA
- El ‘gap year’ gana terreno en España: por qué cada vez más jóvenes paran un año antes de la universidad
- Daniel Sancho ataca con dureza a su madre Silvia Bronchalo: 'Jamás la maltrató