Obra de un eminente divulgador

Sir David Attenborough

En su nuevo libro y documental, el naturalista británico lee la cartilla a Goliat: la especie humana

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David Attenborough, en Islandia.

David Attenborough, en Islandia. / Alex Board / BBC America

David contra Goliat. De haberse producido desigual duelo –se trata de un mito– imagino a ambos bandos apostando por Goliat. Es fácil venderse cuando el bolsillo manda: los cambios de chaqueta están a la orden del día. Pero venció David; igual que hoy, una entidad microscópica –el SARS-CoV-2– ha puesto en jaque a ese gigante llamado 'Homo sapiens'. Los negacionistas del cambio climático, y los críticos con la ciencia, el conocimiento y la educación para afrontar los retos de la humanidad, no podían prever que un virus minaría la vanidad de nuestra especie. Ahora se dan cuenta que la observación y comprensión del mundo es la única solución para alargar la estancia en el planeta. Abandonada la vida predadora prehistórica, no solo habíamos vivido de espaldas a la naturaleza, sino que la hemos diezmado.

Pero un tocayo del chico de la honda vuelve a la carga: sir David Attenborough. Naturalista, divulgador y hermano de otro caballero: Richard Attenborough. Con un nuevo libro y documental magistrales, sir David lee la cartilla a Goliat... la especie humana.

'David Attenborough: una vida en nuestro planeta', tanto en su versión bibliográfica como audiovisual, es un mensaje que habría de llegar a todas las escuelas, institutos, universidades y hogares. Es el legado de un más que nonagenario e incansable hombre que, durante la infancia, conoció un mundo cuyos tesoros se nos antojaban infinitos. En la década de los 50 inició sus expediciones y se convirtió en un revolucionario trovador de la historia natural. Así, a lo largo de décadas –y sigue al pie del cañón– hizo posible que muchas generaciones hayamos aprendido con inolvidables series para la BBC. Recuerdo que en las clases de bachillerato disfruté de 'El Planeta Viviente' y, a falta de aparato VHS, en casa grababa las apariciones televisivas de Attenborough con un micrófono conectado al radiocasete de mi padrina. En los 90 nos dejó sin palabras con 'La vida a prueba' –gracias a él visité Península Valdés para observar la conducta cultural de las orcas y conseguimos imágenes extraordinarias del uso de herramientas entre los chimpancés–, a la vez que nos presentó un reino vegetal igual de apasionante. Tuvo que convencer a los directivos de la BBC sobre ello, y poco después 'La vida privada de las plantas' se convertía en un éxito rotundo. Nos seduce armado de sonrisa y entusiasmo ante lo que observa. Y no es una pose artificial; cuando le conocí en persona pude comprobar que es auténtica (algo de lo que vamos faltos: autenticidad).

En 'Una vida en nuestro planeta', sir David hace un recorrido vital tras las maravillas de la Tierra. Se autodefine como un privilegiado que, durante los años de juventud, jamás llegó a imaginar que nuestro entorno estaba en peligro. Pero, lo está. Vista desde el espacio, la Tierra tiene límites y a ras de suelo hemos devorado a un ritmo frenético. Attenborough ha sido testigo de ello; la primera vez que filmó a los orangutanes vivían rodeados de bosques frondosos. Últimamente ha regresado para descubrir que estos primates y su hábitat están muriendo. Podría parecer banal preocuparse por unos animales y árboles «exóticos» cuando muchos humanos sufren, pero es la excusa que arguyen los mismos que –protegidos en la burbuja del poder– viven de espaldas a la pobreza ecológica y humanitaria. Solo somos una pieza más de la biodiversidad, y si una pieza falta, o falla, puede desmoronarse el sistema. El orangután, comedor de frutos, es uno de los máximos responsables en la dispersión de las semillas para regenerar la selva, y sin plantas la habitabilidad en el planeta será crítica no solo para simios, aves, insectos, etcétera, sino también para nosotros.

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Sir David avisa de que no somos un gigante imbatible y propone explotar el planeta de forma sostenible. ¿Le escucharemos o esperamos a que impacten más piedras? Divulgar el trabajo de científicos y científicas es básico; en 2020, el Museu de Ciències Naturals de Barcelona entregaba su PremiNAT al socioecólogo Ramón Folch así como la Mención de Honor a la bióloga evolutiva Lynn Margulis. No es extraño que el PremiNAT se inaugurase, el año 2018, con un Premio Extraordinario que estaba en mente de todos: sir David Attenborough.