Cultura segura

¿Por qué no vienen los Reyes?

Se lee en minutos
Público en un teatro.

Público en un teatro. / JULIO CARBÓ

El mundo del espectáculo, al igual que todos los sectores empresariales que viven del público, sigue sufriendo las consecuencias de un vaivén de decisiones administrativas que, a consecuencia de la pandemia, se nos impone en función del sube y baja de infectados que se van generando cada semana. Unos, nosotros, los catalanes, utilizamos la alarma por anticipado y se ha recurrido al «por si acaso» mucho antes que en Madrid, cuya presidenta autonómica se ha puesto la gorra de chulapa y ha aguantado cerrar locales de ocio, teatros y lugares públicos hasta más no poder. Ahora, que parecía que con la llegada de la Navidad las cosas iban a mejorar y la permisión, incluso en Catalunya, iba a ser más laxa, comienzan a retumbar los tambores anunciando que el virus vuelve a la carga y el acojone empieza a apoderarse de quienes ponen las normas, hasta tal punto que Pedro Sánchez advirtió la semana pasada que autorizaría a las comunidades a reconsiderar las medidas anunciadas.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Te puede interesar

Entretanto, preguntamos a nuestros políticos, como en el villancico: ¿qué nuevas nos traéis? En las calles, la vida sigue. Aunque algunos planifican las fiestas pensando que esto ya va a mejor, la mayoría andamos preparando unas fiestas versión señorita Pepis, y nos vemos forzados a elegir qué familiares entran dentro del cupo de los diez permitidos, un hecho que, por cierto, nos da una idea del ranking que ocupamos dentro de la familia. En el momento de publicarse este artículo, ignoro si las cosas habrán empeorado y el Gobierno de la Generalitat habrá dado marcha atrás. Es probable. Mientras, los teatros, al 50 % del aforo andan ocupados de público con ganas de reír y disfrutar. 

Por cierto, tengo una pregunta para algunos políticos, o incluso para sus majestades los reyes, no los magos, los reales: ¿No podrían, al más puro estilo Fraga Iribarne en Palomares, demostrar a la ciudadanía que entrar a un concierto o a una obra de teatro no es peligroso? ¿Por qué algún ministro, presidente autonómico o incluso los mismísimos reyes no ocupan un asiento en algún teatro, como queriendo decir que la cultura no contagia?