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La Universitat de Barcelona no ejerce el liderazgo que le correspondería ni ha tenido la voluntad de intentarlo, fruto de un errático e inestable proyecto rectoral

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Edificio histórico de la Universitat de Barcelona.

Edificio histórico de la Universitat de Barcelona. / Elisenda Pons

La Universitat de Barcelona es la primera universidad en producción científica, es la pieza esencial del engranaje de investigación en Catalunya y en el Estado. A pesar de que nos podríamos atrever a pronosticar la buena salud de la UB con esta realidad contrastada, lo cierto es que la institución no ejerce el liderazgo que le correspondería ni ha tenido la voluntad de intentarlo, fruto de un errático e inestable proyecto rectoral. ¿Qué haremos para que la Universitat de Barcelona vuelva a ocupar el lugar que le corresponde durante los próximos 4 años? Lo podría resumir en los siguientes puntos:

En primer lugar, valorar como corresponde uno de los colectivos más despreciados de la universidad, el personal de administración y servicios. Es el colectivo más estratégico para lograr la transformación de la UB. Impulsaremos la especialización y tecnificación de sus puestos de trabajo, además de estabilizar plazas y ser capaces de retener talento. El objetivo es tener un personal de administración y servicios que dará un apoyo de gran valor añadido a las misiones de docencia e investigación.

Haremos una auténtica política de profesorado que reduzca la precariedad laboral y haga posible una planificación docente en función de las necesidades de los departamentos y secciones. Somos una universidad con uno de los índices más altos de falso profesorado asociado. Haremos, pues, un plan específico para paliar esta grave problemática.

Los estudiantes son nuestra razón de ser. No tiene ningún sentido fundamentar un proyecto sin su protagonismo. Necesitamos una UB que desarrolle todo el potencial de su alumnado y necesitamos un alumnado que participe en los procesos decisorios de la universidad. La creación de la figura del defensor o de la defensora del alumnado, el papel capital de los colegios mayores o la reducción de la brecha digital son algunas de las medidas que proponemos.

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Y, por último, no nos olvidemos de los doctorandos y del personal investigador en formación: hay que resolver la aplicación del Estatuto del Personal Investigador en Formación (EPIF) utilizando las nuevas figuras contractuales.

Decía Peter Drucker, padre del 'management' moderno, que "la gestión es hacer las cosas bien, liderazgo es hacer las cosas". Pedimos, pues, dos cosas: en primer lugar, la participación masiva de todos los colectivos en el votación de mañana jueves y viernes. Y en segundo lugar, el apoyo de la comunidad universitaria para iniciar un proyecto de liderazgo ambicioso, basado en las personas, abierto, transversal y donde cabe todo el mundo. Haremos que la UB vuelva a ser de la comunidad universitaria.