La hoguera

Idiomas infecciosos

La lengua solo es un problema para esa gente obtusa que, en los dos bandos, se niega a entender

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Pleno del congreso de los Diputados , en la imagen Pablo Casado junto a Ana Camins , Cuca Gamarra y Ana Pastor firman en la mesa que el PP ha puesto frente al Congreso en contra de la Ley de Educación de Celaá. 

Pleno del congreso de los Diputados , en la imagen Pablo Casado junto a Ana Camins , Cuca Gamarra y Ana Pastor firman en la mesa que el PP ha puesto frente al Congreso en contra de la Ley de Educación de Celaá.  / DAVID CASTRO

Dicen que el coronavirus será, como la gripe, una de esas epidemias cíclicas con las que la humanidad convive por más que haya vacuna o tratamientos para los síntomas. Vendrá cada invierno con el frío y sus mutaciones nos proporcionarán años peores y mejores. Chocará este virus que ha puesto contra las cuerdas a la economía mundial con la indiferencia con que reaccionamos si alguien dice que no viene a trabajar porque ha pillado la gripe. Cuesta imaginar que lo que hoy es una catástrofe pueda ser mañana una molestia, pero los científicos, que a veces se equivocan, nunca mienten.

Pues bien: lo mismo que con esas fiebres acostumbradas pasa con el conflicto de la lengua. El catalán y el español conviven sin problema en los hablantes, que cambian de un idioma a otro según las circunstancias y las apetencias, pero de forma cíclica nos sacude la epidemia de intransigencia que trata de llevar a la uci una coexistencia natural y afianzada. ¿Cómo demuestra que está cuerdo un hombre al que han diagnosticado loco? ¿Cómo te sueltas la camisa de fuerza? Esa desazón experimento cuando tengo que demostrar a un amigo que jamás he tenido problemas en tierras catalanas por usar de forma natural el español.

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Hasta un invento diseñado para que la gente se entienda puede servir de excusa para la discordia radical. En esta ocasión el reservorio estaba en la 'ley Celaá' y la oficialidad del español en las escuelas, pero sabemos muy bien que la epidemia puede brotar en cualquier parte: en una campaña tronada contra camareras bolivianas de los integristas de Santiago Espot, en una alocución parlamentaria de la derecha madrileña contra la inmersión lingüística y sus reacciones histéricas a este lado, en un petimetre que aparece en un programa y dice que en Barcelona no te atienden en las tiendas si no hablas catalán.

Cada vez que alguien atiza la lengua, la mecha absurda prende. Y el resto, a pisotones, repitiendo por enésima vez que la lengua solo es un problema para esa gente obtusa que, en los dos bandos, se niega a entender.