VECINA DEL EIXAMPLE

El quiosco, los periódicos y otras rarezas

No hay razón alguna para pensar que no vuelvan la pasión por las noticias impresas, los suplementos del domingo y el periodismo de largo aliento.

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Ejemplares de EL PERIÓDICO, en un quiosco barcelonés.

Ejemplares de EL PERIÓDICO, en un quiosco barcelonés. / Ferran Nadeu

Ha abierto un quiosco de prensa en mi barrio, lo prometo. He tenido que pasar dos veces por delante y hasta pellizcarme fuerte en el brazo para cerciorarme de que esto es así como lo cuento: ha abierto un quiosco de prensa en mi barrio, en plena pandemia. Doble salto mortal sin red. Abrazaría fuerte a sus propietarios, dos chicos jóvenes, si no fuera por la distancia social, la precaución y principalmente porque no los conozco de nada.

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El nuevo quiosco de mi barrio viene a sustituir al que ya existía, un negocio de toda la vida en el que se amontonaban ejemplares en lugar de clientes. Hace no tanto tiempo, especialmente los domingos, no faltábamos a la cita con nuestro periódico de cabecera, era el día de la lectura minuciosa y sosegada de la prensa, de la misma forma que era el día del desayuno en cafetería, del vermut en la terraza del bar y del 'pollo a l’ast'. De todos esos rituales solo hemos eliminado uno, no hace falta ahondar más en una herida que duele -más si cabe- a lo que nos dedicamos a esto del periodismo.

Pero ahora, gracias al flamante nuevo quiosco de mi barrio me vuelvo a ilusionar con un futuro más azul que negro, que ya se sabe que las modas son cíclicas y si han vuelto las hombreras no hay razón alguna para pensar que no lo haga la pasión por las noticias impresas, los suplementos del domingo y el periodismo de largo aliento.

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Los periódicos no son el producto estrella del nuevo quiosco de mi barrio; están, sí, pero no llaman la atención como lo hacen las litografías de artistas locales, las revistas minoritarias, las patatas 'gourmet' o el agua en caja, porque si algo tiene el nuevo quiosco de mi barrio es modernez, toda.

La literatura 'queer' y publicaciones que rompen el paradigma normativo en cuanto a género y sexualidad son el producto estrella de un quiosco que ha nacido con voluntad de reivindicar todo aquello que no es etiquetable. Y allí, entre tanta rareza, está este periódico y estará también este artículo. Bien mirado no desentona tanto.