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La pandemia interminable

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La pandemia interminable

FERRAN NADEU

-Se acaba el tiempo. Deme todo. Bueno, deme todas las novelas de más de mil páginas que tenga. 

La escena transcurre días antes del segundo confinamiento, cuando acudo a la librería como el dueño de un restaurante, antes de una guerra, va a un hipermercado de mayoristas: botes de Nutella de 20 kilos, carretillas de panecillos congelados y barriles de cerveza tamaño panza de Obélix

-Puede usted llevarse cualquiera de Dickens, si lo desea. 

-Ya me salvó la primera cuarentena. He gastado esa baza.

"Deme a leer cosas que cuando esté encerrado me hagan pensar que de todos modos la vida no vale mucho la pena"

-¿Tiramos de clásicos? 

-Sí, vengo de comprar ocho paquetes de Scottex y 10 de Campurrianas. Pues lo mismo en libros.

-¿Para su hijo también? 

-Sí, quiero el equivalente de los malditos Buddenbrook en literatura infantil. Meses de lectura.

-¿Pero él sabe leer?

-Apenas habla. 

-Pues que tire con el elefantito 'Elmer' y 'El monstruo de colores' y ya vuelve. Creo que el segundo, que ayuda a entender qué siente, si rabia o pena, lo podría leer usted también. No le iría mal. Deje de tamborilear con los dedos en el datáfono, si es tan amable.

-Deme a leer cosas que cuando esté encerrado me hagan pensar que de todos modos la vida no vale mucho la pena. Séneca, por ejemplo: “¡La corrupción de los que se dedican al desenfreno es deshonrosa!”. Lo leeré saboreando un chupito de cicuta.

-Mire, no se alarme, puede llevarse el libro que quiera y en 15 días, vuelve.

-No quiero cortoplacismo. Necesito un libro que me dé moral de victoria. Quiero un horizonte a largo plazo, lejano, como los empresarios y los lanzadores de jabalina.

-Por aquí tengo una edición de 'La historia interminable'. Además, es un libro que va sobre leer encerrado, en este caso en un gimnasio, y leer para salvar el mundo de Fantasía de la ficción que se está leyendo. 

-Lo sé: “Eso era, exactamente, lo que había soñado tan a menudo y lo que, desde que se había entregado a su pasión, venía deseando: ¡Una historia que no acabase nunca! ¡El libro de todos los libros!”

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-Claro, lo que pasa es que quizá ahora el que esté en peligro no sea el mundo de Fantasía, sino el Mundo de la Realidad. 

-Empezaré por salvarme yo con el primero y luego ya veremos si se salva el otro.