Más allá de la pandemia

La salud pública no es solo el coronavirus

No podemos descuidar la seguridad alimentaria, las vacunaciones, las adicciones o la alfabetización en salud

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La salud pública no es solo el coronavirus

MONRA

Desde finales de febrero, con la eclosión de la pandemia del covid-19, los medios se han llenado de informaciones, reflexiones y discusiones sobre la salud pública, una especialidad ampliamente desconocida.

Conceptos como pandemia, R0 han estado en boca de todos. Discutir sobre lo que se ha hecho y lo que hay que hacer para aplanar la curva se ha convertido en objeto de tertulia con opiniones diversas, no siempre suficientemente conocedoras o bastante bien documentadas.

En un principio, poner la salud pública en las agendas políticas, desgraciadamente en un contexto pandémico, no es malo. Posiblemente todo lo contrario.

La salud pública ha sido, y es, la gran olvidada de las ciencias médicas. No tiene el glamur de la cirugía o de la cardiología. No está asociada a grandes fiestas inaugurales que permitan lucimiento de los políticos. Cuando uno se presenta como cardiólogo o como cirujano en un lugar todo el mundo sabe lo que hace. Cuando uno se presenta como salubrista, casi nadie sabe de qué se habla.

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Con el coronavirus la vigilancia epidemiológica se ha dado a conocer. Es salud pública. La promoción de la salud, es decir, la acción sobre las personas con el fin de empoderarlas para modificar hábitos insanos y asumir conductas saludables, es salud pública. Actuar para controlar o eliminar los efectos del entorno (agua, aire y alimentos) sobre la salud de las personas, lo que llamamos la protección de la salud, es salud pública. Intervenir sobre personas sanas o aparentemente sanas para evitar que sufran enfermedades, especialmente transmisibles, o para detectar enfermedades en fases muy iniciales mejorando su pronóstico (la prevención de la enfermedad), es salud pública. Cuando hablamos de prevenir, tratar o disminuir riesgos y daños en el terreno de las adicciones y la salud mental, es salud pública. Cuando actuamos para prevenir accidentes y enfermedades de origen laboral, es salud pública. La salud pública va mucho más allá de tan solo el coronavirus.

En el año 2018 la Agència de Salut Pública de Catalunya (Aspcat) trabajó mucho: más de tres millones de vacunas, que han ahorrado del orden de 32.000 contagios de enfermedades infecciosas importantes; casi seis millones de unidades de ganado sacrificadas en los mataderos y controladas por los veterinarios de salud pública, con las garantías correspondientes para la exportación cuando es necesario; 34.000 inspecciones a empresas y establecimientos alimentarios; control de legionelosis, calidad de las aguas de consumo, control de zoonosis, mosquitos y arbovirosi (dengue, Zika, virus del Nilo Occidental ...), 200 alertas alimentarias y 60 alertas químicas.

Las unidades de vigilancia epidemiológica, los que ahora llevan el peso de la crisis del coronavirus, además tienen que atender todo el resto de infecciones poco mediáticas: más de 500 alertas en un año en el Suvec (Sistema de Urgencias de Vigilancia Epidemiológica de Cataluña); las infecciones de transmisión sexual, en ascenso (23,8 por 100.000 de sífilis, 60,5 de gonorrea o 93,5 de infecciones por clamidia); 300-350 casos nuevos anuales de infección por VIH y unos 1.000 casos de tuberculosis. También más de 14.000 inicios de tratamiento por adicciones, 7.500 personas en tratamiento de mantenimiento con metadona. Añadamos las unidades de salud laboral o los laboratorios de salud pública, que apoyan toda esta actividad, y tantas cosas más.

Y para hacer todo esto en Catalunya hay unos 1.200 profesionales en la Aspcat, extendidos por todos los rincones del país. Añadamos los recursos de los ayuntamientos y de algunas diputaciones, muy escasos, y poco más. ¡El equivalente a la dotación de profesionales de un solo hospital de tamaño medio, para cubrir toda Catalunya! ¿Dinero? El gasto en salud pública está en torno de los 20 euros per cápita, vacunas incluidas, y poco más. Comparemos esto con los 1.200 o 1.300 euros del conjunto de salud de Catalunya. No es demasiado, ¿verdad?

Está muy bien y es absolutamente necesario reforzar la vigilancia epidemiológica, tener rastreadores, muchos más de lo que tenemos, hacer muchas PCR... Pero no podemos descuidar la seguridad alimentaria, las vacunaciones, las adicciones o la alfabetización en salud. Hay que potenciar la salud pública en todas sus vertientes si lo que realmente queremos es tener una sociedad con más salud.

Y cuando pase toda esta tormenta recordemos que si falla la salud pública, bien por falta de profesionales, bien por falta de recursos, o por ambas causas, pasan cosas graves.

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*Medical Anthropology Research Centre. URV. Ex secretario de Salut Pública de la Generalitat.