30 oct 2020

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ANÁLISIS

Un manifestante ondea una bandera de los Proud Boys en una protesta ante el Capitolio de Oregón, el pasado 7 de septiembre.

ANDREW SELSKY (AP)

Mentiras, redes y radicales

Rafael Vilasanjuan

Apunten este nombre: Proud Boys, (chicos orgullosos). No los encontrarán en Spotify, porque a pesar de lo que parece no son un grupo musical. El esperpento del primer debate entre los candidatos Donald Trump y Joe Biden los ha traído al centro de la agenda y, aunque muchos no los conocían, este grupo supremacista ya se ha convertido en una de las principales amenazas a la seguridad de la primera potencia mundial, según el FBI. Son los nuevos vigilantes, una tribu que se arroga el derecho a salir armada y amenazar a todo el que no forme parte de su grupo, ya sean negros, musulmanes, feministas o simplemente demócratas tolerantes. En muy poco tiempo han pasado de reivindicar el orgullo de una sociedad decimonónica, donde la esclavitud era lícita, a concretar un credo de supremacía blanca que se defiende mediante la violencia.

Cuando Biden recriminó al presidente Trump que no los hubiera condenado, no solo no descalificó su irrupción violenta, sino que les conminó simplemente a "retroceder y esperar" en clara alusión a ejercer de guardia pretoriana si el resultado electoral no le complace. La instrucción está dada, el capitán ha hablado y  hasta puede que estos chicos orgullosos, un grupo bien organizado y mucho más jerárquico de lo que aparenta, calmen su ira a la espera de nuevas instrucciones. El lenguaje es corto y claro. Es el modo de comunicación con el que Trump ganó la Casa Blanca, lo conoce, lo domina, lo maneja y se basa fundamentalmente en la difusión a través de redes sociales, donde cuanto más radical y conspirativo sea el mensaje, más rápido corre y más probabilidades tiene de que los algoritmos de las redes potencien su impacto.

Nada nuevo

No es nada nuevo, ya conocían esta ventaja los radicales del terrorismo islámico, que llenaban las redes con ejecuciones degollando a infieles, algo que por sorprendente que parezca aumentaba el reclutamiento y flujo de mártires dispuestos inmolarse por una supuesta guerra santa. Se logró prohibir la circulación de esas imágenes en las redes, pero en cambio los contenidos de incitación a la violencia de estos otros grupos radicales siguen circulando sin trabas, generando un tránsito enorme de gente que poco a poco va siendo reclutada para estas otras causas.

Desde que en el 2016 un gurú de la comunicación en redes creara este grupo, su ascenso ha sido meteórico. Controlan más de un centenar de páginas, algunas tan sugerentes como el "Renacimiento de América", desde donde convocan sus razias y lanzan todo tipo de teorías conspirativas, desde la inutilidad de la utilización de mascarillas, hasta falsos arrestos de sus miembros, difundidos por las redes con el único propósito de canalizar descontentos y atraerlos a su causa.  Una amenaza para EEUU, víctima de unas redes sociales cuyos algoritmos viven de generar tráfico conspirativo y que el presidente Trump utiliza para calentar una campaña que se anuncia plagada de mentiras y más radicalizada que nunca. Preparémonos porque es lo que viene.