27 sep 2020

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¿Somos un país de talento?

LEONARD BEARD

¿Somos un país de talento?

Joan Tapia

No parece inteligente una clase política que mantiene dividido en dos a un país durante cinco años

En su intervención en el debate de política general del Parlament, el president Torra dijo: “Somos un país de talento”. La frase merece una seria reflexión. No hay duda de que en Catalunya hay talento. Y empuje. Ahí está el espíritu empresarial y las iniciativas culturales que mantuvieron vivo al país en la época de la dictadura. La pregunta es si ahora hay suficiente talento en las instituciones públicas y los partidos.

Hubo talento cuando, tras el fin de la dictadura, una conjunción de fuerzas políticas muy diversa logró que el primer gobierno democrático de Adolfo Suárez, el salido de las urnas del 77, aceptara la restauración de la Generalitat republicana encarnada por Josep Tarradellas, elegido en el exilio. No todos -ni mucho menos- eran tarradellistas, pero se impuso la voluntad de hacer reconocer la personalidad histórica de Catalunya.

Hubo también talento en los alcaldes de Barcelona -Narcis Serra y Pasqual Maragall- que no dudaron en hacer frente común con el empresariado, representado entonces por Carles Ferrer, en aprovechar la presidencia del COI de Juan Antonio Samaranch, para que Barcelona fuera sede de los JJOO del 92 con la complicidad de los gobiernos de Jordi Pujol en Barcelona y Felipe González en Madrid.
 
¿Hay ahora el mismo talento -y talante- en la clase dirigente? La falta de diálogo entre la alcaldesa Colau y la patronal catalana, en unos momentos muy delicados, en los que las fuertes restricciones a la movilidad, causadas por el coronavirus, amenazan la potencia turística, el comercio y la proyección internacional de Barcelona, inclinan a pensar todo lo contrario.

Barcelona ha tenido recientemente éxitos relevantes como la celebración anual del Mobile World Congres, fruto del esfuerzo conjunto de la alcaldía, de la Generalitat y del gobierno de Madrid. Y fracasos como no haber logrado la sede de la EMA, Agencia Europea del Medicamento.

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Vamos a la Generalitat. Jordi Pujol y Pasqual Maragall, que la presidieron, fueron a su vez presidentes de la Europa de las Regiones y eran respetados y apreciados en los organismos comunitarios. Pero desde hace tiempo nadie recibe en Bruselas, o las capitales europeas, a un gobierno catalán. En el 2015 prometieron la independencia, dentro de la UE, en 18 meses y hoy estamos donde estamos.

En política hay pocos dirigentes que no hayan cometido errores. Felipe González ganó en 1982 tras criticar la entrada de España en la OTAN y sugerir la salida. Pero supo rectificar y purgó el error en un referéndum del que salió vivo por los pelos. En el discurso de ayer del 'president' Torra no hay ni un átomo de enmienda pese a haber pasado ya cinco años desde las elecciones plebiscitarias del 2015. Y ahora, tras afirmar en enero que el actual Govern estaba agotado, pretende arrastrarlo hasta febrero del 2021 pese a las urgencias de la pandemia y el desplome económico. Algunos, más lúcidos (Mas-Colell o Pere Aragonès) dicen que la independencia con el 48% no es factible. Pero no cortan el bacalao en la Generalitat.

Artur Mas prometió “el gobierno de los mejores” y ganó con CiU en el 2010 y el 2012. Ahora no sigue a Puigdemont porque -dice- no quiere partir a su partido (que ya son tres). Pero fue él quién en el 2015, con las elecciones plebiscitarias, partió en dos mitades no a su partido sino a la Catalunya que presidía.

¿Es propio de un país de talento estar dividido en dos mitades durante cinco años con un gobierno bastante paralizado y buscando la “confrontación inteligente” con España?