30 sep 2020

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El sector editorial

Un estand, este miércoles, de la Setmana del Llibre en Català, en el Moll de la Fusta. 

JOAN MATEU PARRA

La Setmana: un oasis de normalidad

Núria Iceta

Lejos del resistencialismo militante de la edición en catalán de los años 80, La Setmana ha hecho normal lo que sería normal en un país normal

El domingo por la tarde cerró la 38ª Setmana del Llibre, en una edición excepcional en casi todo, como tantas otras cosas que están pasando este 2020. El primer éxito es, pues, que se haya podido celebrar, en la situación de pandemia y unas condiciones especiales en cuanto al espacio y las medidas de seguridad.

La Setmana del Llibre en Català siempre ha marcado el inicio de curso. La presentación de novedades literarias, la apertura de un espacio en la calle para que las editoriales que publican en catalán exhibieran todo su fondo y mostraran la vitalidad y diversidad de las revistas era una motivación posvacacional estimulante. En esta reanudación de este año creo que el verbo más repetido ha sido el de reencontrarse, y así se ha podido notar en las sonrisas detrás de las mascarillas y las conversaciones entre editores y lectores. Las cifras de visitantes y ventas confirman esta impresión. Lejos del resistencialismo militante de la edición en catalán de los años 80, La Setmana ha hecho normal lo que sería normal en un país normal.

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Toca en este momento seguir reflexionando para avanzar juntos en el modelo de colaboración dentro del sector y de una presencia activa en la sociedad. Resultados económicos aparte, tengo la sensación de que quien marca el paso de la vitalidad del sector no son necesariamente los más fuertes sino los más activos y esto hace los debates enriquecedores y obliga a la acción transversal. Ahora la normalidad de La Semana es que los editores pequeños ya no sean tan pequeños y sobre todo que no se les trate con la condescendencia de hace unos años.

Si queremos hacer más grande La Setmana o abordar seriamente la cuestión de los índices de lectura de nuestro país, es necesario que al entusiasmo y el trabajo que ponemos los editores le acompañen políticas culturales decididas, y convenientemente dotadas de tiempo y dinero para ejecutarlas. Una reclamación que comparte todo el sector de la cultura y que es oportuno recordar en la nueva etapa en el Departament de Cultura y para la confección de los Presupuestos Generales del 2021.