27 sep 2020

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Encuentro con el libro en catalán

Una Setmana del Llibre en Català épica

La 38ª edición, la más especial, cambia de localización al Moll de la Fusta y se reduce a cinco días a causa de la covid

Elena Hevia

Un estand, este miércoles, de la Setmana del Llibre en Català, en el Moll de la Fusta. 

Un estand, este miércoles, de la Setmana del Llibre en Català, en el Moll de la Fusta.  / JOAN MATEU PARRA

La presentación, este miércoles, de la 38ª Setmana de Llibre en Català, que este año se verá reducida a cinco días hasta el próximo 13 de septiembre, ha tenido algo de epopeya –si se permite la exageración-. No en vano su director, Joan Carles Girbés, ha asegurado que llevarla a cabo, con las máximas medidas de seguridad, ha sido algo épico, "una tozudería", y se ha valido de Daniel Defoe, que en 'Robinson Crusoe', su lectura confinada de este verano, decía: “Cuanto más imposible parecía la empresa más imperioso se hacía nuestro entusiasmo”.  En cifras, la Setmana jibarizada se enfrenta al reto de poner su grano de arena para cuadrar las cuentas a fin de año. Las mejores previsiones anuncian, como se dijo en el pasado Fòrum Edita, que solo será un 10 o 12% menos en relación al pasado año, después de un Sant Jordi inexistente y la 'invención' del día del libro y la rosa en pleno julio, que alivió pero no solucionó la situación.

Para decirlo claro, Girbés estima que se han perdido las ventas de “uno de cada cuatro libros”. Así, en marzo, con la llegada de la pandemia a mitad de mes, las ventas se redujeron proporcionalmente a un 53% para llegar al confinado mes de abril con la vertiginosa caída del 91%. El único alivio posible fue que, levantado el estado de alarma, en junio y julio se vendió un 27% más que el año anterior. Y es que la sociedad catalana llegó a ese punto, según Montse Ayats, presidenta de la Associació d’Editors en Llengua Catalana, “con muchas ganas de recuperar la lectura y la voluntad de los lectores de dar apoyo a la cultura”.

Más allá de hacer una Setmana de cinco días, el otro gran cambio del evento es su localización, que ha tenido que trasladarse de la habitual, en la avenida de la Catedral, al Moll de la Fusta, donde cuenta con mucho más espacio (casi 5.000 metros cuadrados) para esponjar la afluencia de visitantes que tendrán que guardar con facilidad la normativa distancia de un metro y medio entre ellos. El cambio será completamente excepcional, ya que el Ayuntamiento de Barcelona ha asegurado que volverá a su céntrica localización tradicional, mucho más adecuada.

Medidas de seguridad 

Lo que se encontrará el visitante es un espacio perimetrado, abierto y con capacidad máxima para 935 personas a la vez –una cifra  que rara vez se ha alcanzado en la vieja normalidad-. Además, habrá más sellos que en anteriores ediciones, en concreto 224, repartidos en 66 módulos, además de dos escenarios donde realizar las presentaciones. “Al ser los escenarios más grandes, eso permitirá hablar de muchos libros a la vez”, explica Girbés. También supone para el sector y los lectores quitarse la espinita de la suspensión de firmas en el Sant Jordi de verano ya que un entoldado acogerá esta actividad.

Hay mucha ilusión por sacar adelante la Setmana en las condiciones actuales, que aunque no desastrosas de cara a los números, pueden acabar siéndolo si la pandemia prosigue. “No estamos tan mal, ahora –apunta Girbés-, pero podríamos estar peor porque las previsiones nos dicen que el año que viene será muy duro”.

Primeras horas, lluviosas, de la Setmana del Llibre en Català, este miércoles.  / JOAN MATEU

Exigencias a la nueva 'consellera'

Con la nueva 'consellera de Cultura', Àngels Ponsa, recién desembarcada en un área particularmente asfixiada por la pandemia en la  que se multiplican las peticiones de ayuda, Ayats recuerda las exigencias de su sector, que se centran en que todas las novedades puedan llegar a las bibliotecas de una forma centralizada, que no se olviden las campañas de fomento a la lectura y a favor de las librerías y, especialmente, que se recupere la Direcció General del Llibre y se haga efectivo el Plan de la Lectura, que se aprobó en la etapa de Santi Vila, “pero del que todavía no sabemos nada”.