28 sep 2020

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DIVISIÓN EN EL EJECUTIVO

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, en el Congreso, el pasado 27 de mayo.

EFE / CHEMA MOYA

Las dos almas del Gobierno

Rosa Paz

El PSOE se debe al pacto constitucional, que sigue suscribiendo, y Unidas Podemos proclamaría ya la república, si pudiera

Como no podía ser de otro modo en una cuestión de la trascendencia institucional del destierro de Juan Carlos Ila Moncloa ha colaborado estrechamente con la Zarzuela. Lo ha hecho tanto para sopesar cuáles eran las opciones posibles para afrontar el escándalo provocado por lo que se iba sabiendo sobre la fortuna del rey emérito como para ayudar a decidir qué alternativa elegir. Aunque desde el PP criticaron a Pedro Sánchez por no apoyar suficientemente al rey Felipe ante los ataques que se hacen a la Corona -incluso desde una parte del propio Gobierno-, lo cierto es que el presidente, con mayor o menor acierto, fue, con sus declaraciones, preparando el terreno para lo que finalmente aconteció este lunes.

La decisión última estuvo, por tanto, consensuada entre la Casa del Rey, la Moncloa y, obviamente, Juan Carlos de Borbón. Es lo lógico en un asunto de Estado de esta trascendencia en el que se trata de proteger la institución monárquica y la figura de Felipe VI. Es normal, por tanto, que esas conversaciones se desarrollaran con absoluta discreción. Este es un asunto que se ha llevado entre Sánchez, su vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y la casa real y del que no tuvieron conocimiento no solo el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y el resto de ministros de Unidas Podemos, tampoco lo tuvo la mayoría de los ministros socialistas. Si acaso los que tuvieran alguna relación con la salida de Juan Carlos I de España, por ejemplo, el de Interior.

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A Iglesias y al resto de Unidas Podemos no les ha gustado ni la decisión adoptada, que consideran una "huida indigna", ni el secretismo dentro del Gobierno, que les ha mantenido 'in albis' y que se podría interpretar como una falta de confianza del presidente en su vicepresidente segundo. Tal vez por eso -o simplemente porque está en su naturaleza-, no han dudado en manifestar su disgusto públicamente, evidenciando las diferencias, ya conocidas, entre la parte socialista del Ejecutivo, la mayoritaria, y la parte podemista, la minoritaria, en torno a cuestiones como la monarquía o la propia Constitución del 78. Las dos almas del Gobierno: la del PSOE, que se debe al pacto constitucional, que sigue suscribiendo, como Sánchez ratificó este mismo martes, y la de UP, que proclamaría ya la república, si pudiera.

Parece difícil convivir con esas discrepancias, que son de fondo y no de matiz, y cada vez que se expresan hay quien piensa que la coalición va a saltar por los aires. De hecho, al PP esos desacuerdos en el seno del gabinete ministerial le han despistado mucho, porque en su esquema mental no cabe un Gobierno con tamañas desavenencias. Pero no. La coalición parece gozar de buena salud pese a discrepar en público sobre el Rey o sobre los contactos con Ciudadanos en la búsqueda de aliados para aprobar los Presupuestos Generales. Deben de ser esos desacuerdos pactados que acompañan a los pactos de coalición. O es simplemente el conocimiento del otro. "Hay un discurso institucional de Estado, que es el socialista, y otro más disruptivo, que es el de Podemos", dicen en Moncloa. Pues eso.