15 ago 2020

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DESDE CIUTAT VELLA

Los alrededores de la basílica de Santa Maria del Mar, prácticamente desiertos, el pasado 15 de junio.

FERRAN NADEU

La trinchera del Born

Andreu Claret

El barrio ha mantenido su identidad de espacio abierto, cosmopolita y creador, todo lo contrario del mundo distópico que la pandemia pretende imponer

Fuimos a vivir al Born hace 25 años, cuando el barrio era todo historia, tenía poco presente y nadie daba un duro por su futuro. Tras muchas adversidades, volvió a nacer. Con un empeño fascinante en los tiempos convulsos que vivimos. El de un barrio que siempre ha vuelto a levantar cabeza tras periodos de ostracismo. Fue el corazón de la ciudad en los años de la catedral del Mar y de la calle de Montcada, y perdió fuelle cuando esta rompió sus murallas. Volvió a ser el vientre y el estómago de Barcelona en torno a su mercado de abastos y pasó a ser un agujero negro cuando el mercado cerró. En el último cuarto de siglo, el Born ha vuelto a ser un lugar envidiado por muchos barceloneses y de obligado tránsito para quienes nos visitan.

Escribo en pasado porque hoy nadie se atreve a vaticinar su futuro. ¿Qué será de él tras esta pandemia devastadora? Mi pronóstico es esperanzado, a pesar del estropicio provocado por el covid-19. Es más, creo que el Born constituye una trinchera desde las que podremos defender la Barcelona que el virus pretende arrebatarnos. 

Basta con salir de casa para apreciar la magnitud de la catástrofe. Cierre por liquidación, traspaso, en alquiler, claman las puertas de muchos negocios. Duele recordar que aquí, en la calle de la Princesa, vivió Santiago Rusiñol. El hombre que codificó el 'senyor Esteve', el burgués que había recogido el testigo de los comerciantes del mar. En las últimas décadas, este espíritu emprendedor se ha encarnado en otros nombres. En migrantes procedentes de otros continentes que salvaron la calle de Carders, en jóvenes creadores que han traído al barrio la moda, el arte, la gastronomía. Los estragos de la gentrificación para los más vulnerables son conocidos. Sin embargo, el Born ha mantenido su identidad de espacio abierto, cosmopolita, creador. Todo lo contrario del mundo distópico que la pandemia nos pretende imponer. Cuando pase, habrá que volver a empezar. Y este es un barrio acostumbrado a resurgir de sus cenizas.