24 oct 2020

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EL TABLERO CATALÁN

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en rueda de prensa, el pasado 13 de julio.

EFE / TONI ALBIR

El espejismo convergente

Gemma Ubasart

La política catalana hace años que es una carrera de obstáculos, improvisaciones y sorpresas

Este martes Quim Torra ha presentado en rueda de prensa, junto con el vicepresidente Pere Aragonès, el plan de reactivación económica fruto de la emergencia desencadenada a partir de la crisis del covid-19. En esta comparecencia pública también ha sido noticia la afirmación del 'president' de que tiene clara la fecha de elecciones, pero que de momento no la piensa hacer pública.

Por un lado, puede pesar la sensación de equivocación por no haber convocado cita electoral antes del verano, evitando así la carga de la mala gestión de la pandemia que ha venido después. Por otro, es relevante resolver una batalla más de estar por casa: cuándo es el mejor momento para situar el espacio posconvergente en un buen lugar de salida para disputar electoralmente con ERC.

La política catalana hace años que es una carrera de obstáculos, improvisaciones y sorpresas. Todo esto pasa en un momento en que el espacio posconvergente está en reconstrucción. Un proceso que empezó hace más de un lustro pero que se ha ido alargando en el tiempo con relativos buenos resultados electorales y de consecución de espacios de poder institucional.

En el puzle encontramos muchas piezas. En primer lugar JxCat, que, ahora ya bajo el liderazgo de Carles Puigdemont, se construye como fuerza política que integra otros experimentos previos nacidos en pleno proceso como la Crida. La no renuncia a la apuesta unilateral, sea instrumental o por convicción, podría ser su señal de identidad. En segundo lugar, el PDECat, que planta cara a Puigdemont y pide una mayor clarificación del proyecto en el eje ideológico. Constatan que el 'procés' ha hecho bascular su posicionamiento del catalanismo al independentismo, pero reclaman que este no sea el único elemento identificador de la opción electoral y política.

En tercer lugar se encuentra el PNC, que nace con la voluntad de reconstruir una fuerza de orden, que puede integrar a catalanistas e independentistas. Ahora bien, no son ellos los únicos que miran con nostalgia a la hegemonía pujolista de los años 80 y 90. La Lliga Democràtica, LliuresUnits per Avançar o Lliures buscan construir una alternativa dirigida a un electorado de centroderecha, moderado, que, según su punto de vista, estaría huérfano de oferta. 

Disputas de poder

Evidentmente, en todo este embrollo se cruzan debates ideológicos, disputas de poder y construcciones enfrentadas de liderazgos. Ahora bien, este no es el único espacio en disputa. Pese a que ERC a su lado es una balsa de aceite, en este espacio también se han de tomar decisiones importantes. Los republicanos pueden hacer dos apuestas de futuro (que en algún momento serán incompatibles). Por un lado, pueden abonar la disputa para convertirse en el espacio central del independentismo, la emulación del 'pal de paller' de otra época. En este supósito, toca subir el tono conflictual, seguir alimentando los bloques y no hacer demasiados esfuerzos para encontrar un espacio de resolución dialogada del contencioso (incluida la mesa de diálogo). 

Por otro lado, pueden construir un gran espacio soberanista de izquierdas que se presente como fuerza de cambio, que recoja también los anhelos que están alimentando formaciones de los Verdes y de la izquierda heterodoxa en toda Europa. En definitiva, la operación que hizo el Sinn Féin, y que posteriormente han vehiculado el BNG y EH Bildu.

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